Madre y trabajadora en México: las cifras que hoy duelen

El 10 de mayo. Detrás de cada flor, cada serenata y cada cena en familia, hay una realidad estadística que el INEGI publicó esta semana y que vale la pena mirar de frente. Porque ser madre trabajadora en México, en 2026, sigue costando caro.

Según las Estadísticas a propósito del Día de la Madre del INEGI, basadas en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del cuarto trimestre de 2025, en el país hay 39.2 millones de madres. Siete de cada diez mujeres mayores de 15 años ya tuvieron al menos un hijo. Y entre las que trabajan, los números son contundentes: el 49.2% gana solo un salario mínimo al mes, es decir, alrededor de 9,582 pesos. El 4.8% no recibe ningún ingreso por su trabajo. Apenas el 2.2% percibe más de tres salarios mínimos. La maternidad sigue siendo, para la mayoría, sinónimo de precariedad laboral.

Y trabajan duro. El 45.6% de las madres ocupadas cumple jornadas de entre 35 y 48 horas semanales. Otro 17.4% trabaja más de 48 horas. Es decir, casi dos tercios de las madres trabajadoras hacen jornadas completas o superiores a la ley. Y eso es solo lo que se paga.

Porque cuando termina la jornada, empieza la otra. El INEGI también documenta que las madres mexicanas dedican en promedio 20.5 horas semanales a quehaceres del hogar y 17.3 horas adicionales al cuidado no remunerado de hijos, ancianos, enfermos o personas con discapacidad. Si sumamos ambas jornadas, hablamos de mujeres trabajando entre 80 y 90 horas a la semana. Sin descanso, sin pago, sin reconocimiento.

Hay un dato del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) publicado esta semana que resume todo. Una mujer sin hijos gana en promedio 11 mil pesos al mes. Una mujer con cinco hijos gana 7 mil pesos. Mismo talento, misma educación. Lo único que cambió fue su rol como madre. Y según el mismo IMCO, por cada padre que abandona el mercado laboral, cinco madres hacen lo mismo. La diferencia no es biológica. Es estructural.

Las consecuencias en salud mental son medibles. Insomnio, ansiedad, irritabilidad crónica, sentimiento de no llegar a nada. Y, en muchos casos, depresión silenciosa que se camufla detrás del «estoy bien» del WhatsApp familiar.

Lo que las empresas tienen que entender. Una madre trabajadora no rinde menos, rinde distinto. Flexibilidad real, horarios humanos, licencias por cuidado, guarderías y salas de lactancia no son beneficios extra: son condiciones mínimas para retener al 50% del talento del país. Las empresas que lo entendieron ya están ganando la guerra del talento. Las que no, la están perdiendo sin darse cuenta.

Lo que vale la pena hacer hoy. Antes del ramo de flores, antes del desayuno en cama, una conversación honesta. Preguntar cómo está realmente. Repartir tareas en serio. Reconocer las horas invisibles. Las madres mexicanas no necesitan más serenatas. Necesitan menos carga y más justicia.

Equipo de T2S1

(Visited 1 times, 3 visits today)