Tu hijo no es dramático: la ansiedad infantil que nadie diagnostica

«Es muy sensible.» «Le afectan mucho las cosas.» «Ya se le pasará.» Cuántas veces hemos dicho o escuchado estas frases sobre un niño o una niña que en realidad está cargando algo demasiado pesado para su edad.

La ansiedad en niños y adolescentes no siempre se parece a la de los adultos. No es alguien sentado en una esquina con miedo evidente. Es el niño que tiene dolor de estómago cada mañana antes de ir a la escuela. La niña que llora sin saber por qué. El adolescente que de pronto ya no quiere salir, que se irrita con todo, que duerme mal o duerme demasiado.

En México, más de 26,000 niños de entre 10 y 14 años solicitaron atención pública por trastornos de ansiedad solo en 2024. Y esos son los que llegaron al sistema. Los que tienen nombre en una estadística. ¿Cuántos más hay en casa, en las aulas, sin diagnóstico y sin ayuda?

La ansiedad no tratada no desaparece. Se transforma. En conductas de riesgo, en aislamiento, en bajo rendimiento escolar, en depresión, en algo peor.

Lo que más necesita un niño o adolescente ansioso no es que le digan que se calme. Necesita sentir que lo que siente es real, que no está exagerando, y que hay alguien en quien confiar.

Como padre, madre, maestro o cualquier adulto cercano, tu papel no es diagnosticar. Es notar, preguntar y acompañar sin minimizar.

Si un niño te dice que tiene miedo, que no puede dormir, que siente que algo malo va a pasar aunque todo esté bien, no lo corrijas. Escúchalo. Eso ya es parte de la solución.

La salud mental de los niños no puede esperar a que se conviertan en adultos con problemas más grandes.

Por: Equipo de T2S1

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