Hay una crisis que crece en silencio y que pocos se atreven a nombrar: cada vez más niñas y adolescentes en México están pensando en quitarse la vida, y muchas lo están intentando.
No son casos aislados. Los datos del INEGI muestran que las muertes por suicidio en niñas prácticamente se duplicaron entre 2010 y 2024. Lo que antes era un fenómeno mayormente masculino, hoy tiene rostro de adolescente mujer. Y eso cambia todo.
¿Por qué ellas? No hay una sola respuesta. Hay presión por la imagen, por el rendimiento, por ser amada, por encajar. Hay violencia que no siempre deja marcas visibles. Hay redes sociales que comparan sin descanso. Hay familias que no ven porque no saben qué buscar.
El suicidio en adolescentes rara vez llega de la nada. Casi siempre hay señales: el alejamiento, el cambio de humor, las frases que suenan a despedida, la indiferencia repentina hacia cosas que antes importaban. El problema es que muchas de esas señales las confundimos con «cosas de la edad».

No son cosas de la edad. Son pedidos de ayuda con otro idioma.
Si tienes una adolescente en casa o en tu aula, este tema te importa. No porque vayas a resolver todo, sino porque a veces basta con preguntar: ¿cómo estás, de verdad? Y quedarte a escuchar la respuesta.
Hablar de suicidio no lo provoca. Callarlo sí puede costar una vida.
Si notas señales de alerta en alguien cercano, busca orientación con un profesional de salud mental. No esperes a estar seguro de que algo está mal. La duda ya es razón suficiente para actuar.
Por: Equipo de T2S1
