El maestro que se apaga: burnout docente en tiempos de crisis

Entró al salón con vocación. Con ganas de hacer diferencia. Con la certeza de que enseñar era algo que valía la pena. Y de a poco, sin que nadie lo viera venir, algo se fue apagando.

El burnout en docentes de secundaria, preparatoria y universidad es uno de los problemas de salud mental más invisibilizados en México. No aparece en las estadísticas grandes. No genera titulares. Pero está ahí, en el maestro que ya no puede concentrarse para preparar sus clases, en la profesora que llora antes de entrar al salón, en el docente universitario que siente que está repitiendo un guión sin conexión con nadie.

Enseñar hoy no es lo que era hace veinte años. Los docentes enfrentan grupos más grandes, recursos más escasos, exigencias administrativas que no terminan, y algo que pocos mencionan: están en contacto diario con jóvenes en crisis. Adolescentes con ansiedad, con depresión, con historias difíciles. Y nadie le da al maestro herramientas para procesar lo que eso implica emocionalmente.

El desgaste tiene un nombre técnico: fatiga por compasión. Es lo que pasa cuando das tanto de ti mismo durante tanto tiempo que ya no te queda nada. No por falta de compromiso, sino precisamente por exceso de él.

Las señales del burnout docente son reconocibles: irritabilidad con los alumnos, sensación de que nada de lo que hace importa, dificultad para desconectarse fuera del trabajo, problemas para dormir, pérdida del sentido de la profesión.

El problema es que un maestro agotado pierde algo más que bienestar propio: pierde la capacidad de ver a sus alumnos. Y en un aula donde puede haber un joven en riesgo, esa ceguera tiene consecuencias.

Cuidar al que cuida no es un lujo. Es una necesidad urgente que las instituciones educativas todavía no terminan de entender.

Por: Equipo T2S1

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