Si tienes limones… ¡Haz limonada!

Me maravilla la profundidad que esta frase puede tener, su sencillez está llena de sabiduría, ¿no me crees? ¿Alguna vez la has analizado? te invito a hacerlo y te comparto la forma en que yo la entiendo.

Limones… los hay de varios tamaños y tonalidades, algunos más jugosos que otros, con o sin semilla, muy amargos o hasta un poco dulces. ¿Cuál es mejor?, todos los son, depende de cómo y para qué se usen.

Limonada… se hace a partir del limón y cada quien la prepara como mejor le parezca: con azúcar refinada, sin calorías o con algún tipo de jarabe; con agua mineral o natural, con mucho hielo tipo frappe o con poco. Al tener tu jarra de limonada, puedes venderla, compartirla en una comida o simplemente dejarla en tu refri para cuando se te antoje, tu decidirás qué hacer con ella. ¿De qué depende? depende nada más de ti y de las circunstancias que crees para ese fin.

¿Qué quiere decir esta encantadora frase?, quiere decir que si ya tienes en tu poder “algo”, ¡te las ingenies para sacarle provecho! sin intentar cambiar las características de “eso”.

Por ejemplo: Tengo un coche que no es el de mis sueños, de hecho las condiciones en las que está lo alejan más de esa idea. Si por el momento no es posible cambiarlo, tengo la excelente opción de hacerlo más agradable. Puedo ponerle algún adorno para personalizarlo más, puedo reproducir en él un listado de la música que más me gusta, así cada vez que lo utilice amenizará mi momento. Por si fuera poco, puedo estar tranquila porque las posibilidades de que algún maleante se fije en él son mínimas, así es que no corre peligro mi persona, ni mi coche.

Confesándoles una de las cosas que no me gustan de mi cuerpo, son las orejas. Me parece que son grandes. Hablando de ellas, las hay pequeñas y redondas, con el lóbulo pegado o despegado del rostro, con la punta afilada o muy redonda, en fin, las hay de todos tipos justo como los limones. Llegué a pensar en operarlas para que según yo se vieran mejor, hasta que un día decidí “dejarlas en libertad”, es exagerado pero a veces así son los complejos.

Agradecí por tenerlas y comencé a peinarme relamida si así lo deseaba (nunca lo hacía porque según yo se notaban mucho) o dejaba mi cabello suelto si quería; el chiste fue aceptar tal cuál eran mis orejas, entendí que nadie las puede elegir, simplemente los genes hacen lo suyo y se forman. Esto fue para mí “hacer limonada”.

No gané dinero, ni conseguí más galanes, simplemente me acepté y me peinaba como me daba la gana, esto me permitió disfrutar más y tener diferentes looks (ya sabes que eso me encanta).

¿Cuáles son los limones que tienes? identifícalos, no importa cuáles sean su características, al final sirven muy bien y los puede adaptar, ¡sácales provecho!

Yo me cuido

Paulina Angel

paupauangel@hotmail.com

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