Madres de Corazón: las que hicieron otros hijos fuertes

Hay un homenaje pendiente en México. Es para las mujeres que sin haber dado a luz, dieron vida. Las que sin ser madres biológicas, criaron hijos que llegaron lejos. Las que defendieron, protegieron, cocinaron, peinaron, regañaron y aplaudieron a niños que no salieron de su cuerpo pero que sí salieron de su entrega. Son las madres de corazón. Y este 10 de mayo también es suyo.

Son la abuela que vio que en casa de su hija había violencia y se llevó al nieto a vivir con ella, sin pensarlo dos veces. Es la tía que pagó la universidad del sobrino cuando su hermano no pudo. Es la madrina que llegó a las graduaciones, a los partidos, a las obras escolares. Es la prima mayor que se volvió mamá adoptiva del primo huérfano. Es la vecina que le abrió su puerta a la niña cuando en su casa se ponía feo. Es la trabajadora del hogar que terminó queriendo a los niños que cuidó durante 20 años como si fueran propios. Y ellos también la quisieron así.

Lo más hermoso de estas mujeres es lo que lograron. Niños que pudieron porque ellas pudieron. Adultos que hoy son lo que son porque alguien decidió quedarse. Profesionistas, padres, líderes, artistas, deportistas, maestros, médicos, que cuando cuentan su historia personal, en algún momento llega la frase: «si no hubiera sido por mi tía…», «si mi abuela no me hubiera traído a vivir con ella…», «si mi madrina no me hubiera cuidado aquellos años…». Detrás de cada éxito mexicano hay, casi siempre, más de una mujer.

Las defendieron como leonas. Frente al padre violento, frente a la familia que quería marcar al niño como «el del problema», frente a las maestras injustas, frente a los vecinos murmuradores, frente al estigma del «niño que no tiene a su mamá». Pelearon batallas que no les correspondían legalmente, pero que asumieron porque el amor no espera papeleo.

También les enseñaron lo que tenían. Su abuela le enseñó a hacer tortillas y a sostenerse sola. Su tía le enseñó que las niñas también estudian. Su madrina le enseñó a no aceptar maltrato. Su prima mayor le enseñó a leer porque nadie más le iba a enseñar. Lo que estas mujeres dieron no se mide en pesos ni en horas: se mide en lo que esos niños se atrevieron a ser después.

Es una realidad profundamente mexicana respaldada por datos. La Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) del INEGI documenta que el 75.1% de las mujeres en el país brinda cuidados a integrantes del hogar, y muchas de ellas no son las madres biológicas de los niños que cuidan: son abuelas, tías, hermanas mayores, madrinas. Según la CEPAL, las mujeres mexicanas dedican en promedio 37.9 horas semanales a cuidados no remunerados, frente a 25.6 horas de los hombres. En un país donde la pobreza, la migración, la violencia y los embarazos adolescentes han fracturado muchísimas familias, son las mujeres mayores de la red familiar las que han sostenido a generaciones enteras. Sin ellas, este país no existiría como lo conocemos.

En lo laboral, vale reconocer algo. Muchas de las profesionistas más sólidas que hoy lideran empresas, hospitales, escuelas y proyectos en México, no fueron criadas por sus mamás biológicas. Fueron criadas por una abuela, una tía o una madrina que les dijo «tú sí puedes». Y les creyeron.

Hoy, 10 de mayo, llámalas. Mándales un mensaje. Pasa a verlas. No esperes a que sea tarde. Diles claro lo que hicieron por ti. Que entiendan que sí cuentan, que sí las viste, que el amor que dieron sin nombre oficial, llegó a su destino.

Las madres de corazón no necesitan que las llamen mamás. Necesitan que les digamos que fueron luz. Y que gracias a ellas, hay millones de mexicanos que pudieron ser lo que son.

Equipo de T2S1

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