¿Leal a quién?

LEALTAD LABORAL

La lealtad a la empresa es correcta y sana: significa cuidar el trabajo, el negocio y a quienes dependen de él. El problema empieza cuando esa lealtad se confunde con otra muy distinta: la lealtad a una persona solo porque es tu jefe o porque alguna vez te ayudó.

Ser leal a alguien por gratitud o por jerarquía no es una virtud, es una mala práctica. Esa deuda invisible siempre termina cobrándose: te obliga a hacer cosas que no quieres, a callar lo que deberías decir y a poner a una persona por encima de tu propio criterio.

Y trae una trampa silenciosa: la sobreprotección. El jefe que te cubre, te excusa y te resuelve todo no te está cuidando; te está volviendo prescindible. Te conviertes en un inútil con protección: alguien que solo sostiene su lugar mientras esa persona siga ahí.

El último escalón es el más caro: solapar. Por una lealtad mal entendida acabas tapando errores, justificando abusos y normalizando malas prácticas que, sin ese vínculo, jamás permitirías.

Por eso la pregunta importa: ¿leal a quién? Sé leal al trabajo, a los resultados, a tus valores y a tu propia carrera. La lealtad a una persona, cuando choca con todo eso, deja de ser lealtad: se vuelve complicidad.

La pregunta no es si eres leal. Es leal a quién.

Por: Equipo de Todos Somos Uno.

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