Embarazo sin humo, familia sin humo

Mujer fumando

Algo tan “normalizado” como el tabaco resulta ser hoy por hoy, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la principal causa prevenible de efectos adversos en el embarazo en los países industrializados.

Aunque uno pensaría que las mujeres embarazadas no fuman, la realidad es otra. Las estadísticas revelan que una de cada cuatro mujeres que se queda embarazada fuma y que sólo la mitad dejará de fumar al enterarse de que lo está. El consumo y, a su vez, el abandono del tabaco parecen estar ligados al nivel educativo y socio económico, siendo las de más bajo las mujeres más desfavorecidas.

Más allá de la recomendación breve de dejar de fumar en la primera visita del embarazo, en la actualidad existen formas de tratar el tabaquismo en mujeres gestantes que los profesionales de salud en ocasiones desconocen o no ponen en marcha por falta de conocimiento o de tiempo en las consultas. El consejo estructurado de “las 5As” y el tratamiento farmacológico son medidas que han demostrado no sólo reducir el número de gestantes fumadoras sino también el riesgo de prematuridad, bajo peso al nacer o muerte perinatal.

El embarazo es un periodo muy especial para el abordaje del tabaquismo, no solo por el impacto en la salud del futuro hijo sino que además tiene unas implicaciones emocionales y conductuales muy específicas. Por esto el consejo antitabaco se ha de hacer siempre desde una perspectiva positiva y no culpabilizadora.

Por ello, este jueves, con motivo de la celebración del Día Mundial Sin Tabaco, realizaremos en el Centro Médico Teknon una formación para todo el campus pero especialmente dirigida a ginecólogos, comadronas, enfermeras y pediatras para ayudar a las mujeres embarazadas y a sus familias a dejar de fumar.

Previo a la sesión hemos llevado a cabo un sondeo para valorar cual es la situación no sólo de consumo sino también de exposición ambiental al tabaco en las mujeres que reciben asistencia al parto en nuestro centro y en sus familias. Buscamos además dar respuesta a la pregunta de si el nivel socioeconómico medio o alto supone que la exposición sea inferior. Temas tan candentes como si se debe permitir fumar en el coche o qué medidas se adoptan para evitar la exposición de los niños a los residuos del tabaco en el domicilio han sido también abordados.

Desde el año 1957, cuando Simpson describió por primera vez una reducción del peso al nacer en hijos de mujeres que habían fumado en el embarazo, la literatura es concluyente: el tabaco se asocia a múltiples problemas durante la gestación que se manifiestan no sólo en los primeros años de vida si no que persisten hasta la edad adulta y que podrían transmitirse a la descendencia generando así un ciclo de toxicidad.

Tradicionalmente se decía que era peor la ansiedad de dejar de fumar que fumar 5 cigarrillos al día. De hecho, esta frase es algo que aún oímos decir a las mujeres, tal vez para justificar el consumo. Pero en la actualidad la recomendación es que en el embarazo no se ha de fumar ni un cigarrillo al día.  Incluso de uno a cinco cigarrillos al día se relaciona con un aumento del riesgo de abortos espontáneos y gestación intrauterina así como una reducción del peso al nacer.

Fumar, la autoadministración diaria de nicotina, tóxicos y carcinógenos hace que desde los pulmones éstos pasen a la sangre de la madre, de allí al útero, a la placenta y a través de ella llegan a la sangre del bebé y a sus tejidos en formación. Las mujeres que fuman tienen un riesgo incrementado de tener la placenta previa, desprendimiento de placenta antes del parto y rotura de la bolsa prematura. Aumenta también el riesgo de parto prematuro y de muerte del bebé no sólo antes del nacimiento sino también tras éste.

El temido síndrome de la muerte súbita del recién nacido se relaciona no sólo con el consumo de la madre, basta con que sea el padre el que fuma para que veamos un aumento del riesgo. Muchos de estos problemas los vemos en madres que no fuman pero que están expuestas de forma ambiental al tabaco, bien de segunda mano (humo ambiental) o bien de tercera mano (residuos que se depositan en las superficies como piel, cabello, sofás, cortinas, juguetes… que acaban siendo ingeridos o pasan a través de la piel). La exposición al tabaco continúa aún cuando se apaga el cigarrillo. Los niños que gatean, se llevan los objetos a la boca, besan a los padres, chupan sus manos, son los más expuestos. Además, el hecho de que su frecuencia respiratoria sea más alta hace que proporcionalmente inhalen más humo ambiental y su sistema inmune menos desarrollado les hace salir más perjudicados.

Los hijos de madres y/o padres fumadores sufren más asma infantil, otitis, ingresos hospitalarios. Observamos más malformaciones congénitas como el labio leporino o de los genitales y vías urinarias. Se ha relacionado con un mayor riesgo de padecer leucemia infantil y algunos tumores del sistema nervioso central. Los hijos de madres y padres fumadores tienen más riesgo de padecer déficit de atención, hiperactividad y trastornos del lenguaje. Mayor riesgo de enfermedad y diabetes en la edad adulta. Los hijos de fumadores tienen más riesgo de fumar cuando llegan a la adolescencia.

El tabaco produce una reducción de la fertilidad y es causa de impotencia masculina. No sólo observamos alteraciones en la calidad del semen, sino que se sabe que es responsable de mutaciones y alteraciones epigenéticas que se producen en el ADN de los óvulos y espermatozoides. Dichas alteraciones se heredan luego en los embriones que estos producen. Incluso las hijas de madres fumadoras en el embarazo tienen más riesgo de tener abortos espontáneos ellas mismas cuando están embarazadas.

Por todo esto es un deber ético para los profesionales de salud de promover un embarazo y una familia libres de los efectos nocivos del tabaco.

 

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