‘Euphoria’ no es una pesadilla de sexo y drogas para padres, es una proeza técnica y creativa

Los desnudos, la violencia física y emocional y la adicción de Rue en Euphoria pueden incomodar a muchos espectadores. La relación de los jóvenes de la serie de HBO Max con las drogas y el sexo despierta miedos en quienes tienen hijos adolescentes. En el resto, la angustia emocional y la deriva existencial de los personajes puede generar ansiedad o tristeza, sentimientos que, comprensiblemente, algunos prefieren evitar, porque para tragedias ya tenemos la vida real. Pero, como tituló acertadamente Paloma Rando en Vanity Fair cuando se estrenó la serie: «Que los penes no nos impidan ver el bosque», porque Euphoria es la mejor serie que hay actualmente en emisión.

Independientemente de preferencias personales en cuanto a temas o géneros, que pueden decantar la balanza por ficciones que se presuponen más adultas (como podrían ser Succession o The Crown), no hay ninguna serie en la actualidad -ni la ha habido en la última década- que se acerque a los niveles de excelencia, ingenio y audacia que evidencia Euphoria en cada episodio.

Podemos preferir unas tramas sobre otras y, por tanto, la historia central cada semana nos puede apelar más o menos, pero nunca podremos decir que no hemos visto algo interesante o estimulante para cuando salen los títulos de crédito finales. Siempre es un disfrute visual, pero nunca olvida que es una historia serializada, nos va revelando nueva información sobre sus protagonistas que siempre amplía el encuadre de sus retratos, y resignifica la imagen que nos hemos creado sobre ellos. En el séptimo episodio de la segunda temporada, por poner dos ejemplos, la serie nos muestra por qué Maddy celebró su cumpleaños en casa de su mejor amiga, como si fuera su segundo hogar. Y también revisita una escena de Cassie y Lexi con su padre para mostrarnos que la experiencia vivida por cada una fue distinta. Cassie, según vimos en la primera temporada, prefiere recordarla como una experiencia positiva; para Lexi, en cambio, fue traumática.

Ese mismo episodio es la última muestra del esfuerzo creativo que hay detrás de cada plano de la serie. Una obra de teatro en la que el pasado y el presente, la ficción y la realidad convergen y se funden en un solo relato, y este pasa por el filtro de la subjetividad que experimentan sus protagonistas al verse representados en el escenario. Una sinfonía de emociones en la que la obra representada, el hecho que la inspira y la emoción que evoca se entretejen ante nuestros ojos. El espectáculo narrativo se eleva con los ejercicios de maestría técnica detrás de cámara, una hazaña cuya leyenda aumenta cuando descubrimos que todo lo que vemos en pantalla se realiza en vivo durante el rodaje. Todo lo que podemos asumir que es un efecto visual en Euphoria es realmente un efecto práctico. Cada plano es una obra de arte y un trabajo artesanal.

La propuesta y apuesta de cada serie es personal y única, cada una tiene intenciones y ambiciones distintas y no todas quieren o pueden ser Euphoria, pero porque el resto no quieran jugar en su liga no vamos a ignorar sus logros, porque cada episodio de Euphoria de esta segunda temporada está siendo un evento en sí mismo. En los Emmy es probable que Succession se lleve el premio al mejor drama y que cope con varias nominaciones las categorías de dirección, guion e interpretación. Como fan entusiasta que soy de la serie de Jesse Armstrong, quizá no me enfade mucho, pero lo justo es que comparta reconocimiento con Euphoria. Seamos sinceros, lo realmente justo es que la serie de Zendaya se lleve el Emmy al mejor drama de 2022. Decir que ella se merece el de mejor actriz protagonista no cotiza. 

Original.

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