El padre de la víctima del kamikaze de la M-50 se suicida tras años en depresión

Francisco López, el padre de la víctima del kamikaze de la M-50, llevaba años en depresión. En 2018, tuvo que hacer frente a la muerte de su hijo mayor, Roberto; y solo un año después, al homicidio de Víctor. Incapaz de superar la enfermedad diagnosticada, Paco -como lo llamaban sus amigos y familiares- se quitó ayer la vida en unas canchas de baloncesto de Rivas-Vaciamadrid, la localidad en la que residía. Vigilante de seguridad de profesión, hacía meses que había recibido la incapacidad total para trabajar a causa de la depresión que padecía.

Víctor, de solo 20 años, falleció a primera hora del fatídico 15 de septiembre de 2019. Iba camino a su trabajo, en una superficie comercial, cuando un conductor embistió su vehículo contra el suyo. El kamikaze, Kevin Cui, había conducido varios kilómetros en dirección contraria, bajo los efectos del alcohol y a gran velocidad, tras una noche de fiesta con sus amigos. Nada pudo hacerse por salvar la vida de Víctor.

Desde ese momento, Paco se sumió en la tristeza. Afectado todavía por la muerte de su primogénito, fue incapaz de hacer frente a la pérdida de Víctor, que se había convertido en uno de sus pilares fundamentales. La noche del martes al miércoles, según ha adelantado El Español y ha podido confirmar este diario, decidió poner fin a su sufrimiento.

Hace solo un mes, Kevin Cui fue condenado a ocho años de prisión por los delitos de homicidio doloso, conducción con manifiesto desprecio por la vida de los demás y conducción bajo la influencia de bebidas alcohólicas. Los magistrados de la Audiencia Provincial le impusieron, además, la pérdida de vigencia de permiso para conducir durante nueve años. Esta fue la primera vez que en la Comunidad de Madrid se condenó a un conductor por dolo eventual. «No es cierto que se haya suicidado debido a la pena impuesta. Francisco creía haber hecho justicia, estaba satisfecho con que a Kevin se le hubiese condenado por dolo eventual, pero no ha podido superar la muerte de Víctor. No veía sentido a su vida», manifiesta Bárbara Royo, abogada de la familia de la víctima.

Durante el juicio, Kevin aseguró que no recordaba nada del accidente, simplemente que la madrugada en la que todo ocurrió tenía sueño y quería volver a casa. En su última palabra, aseguró sentirse arrepentido por el «error» que cometió al subirse al coche borracho. «Reconozco mi error y los daños que he causado», dijo ante el jurado popular. Su defensa, que recurrirá la sentencia, sostuvo en todo momento que el accidente se trató de una imprudencia al no asumir el riesgo que podía producir mientras conducía bajo los efectos del alcohol y con exceso de velocidad. En cambio, los jueces fallaron que el ahora condenado tuvo que haberse representado e imaginado que, al subir a su coche con una copas de más e ir en dirección contraria con exceso de velocidad, podría ocasionarle la muerte a alguien. Pese a prever el posible resultado, mantuvo la acción. Así fue, terminó con la vida de Víctor en el acto.

En concepto de responsabilidad civil, además, Kevin tenía que indemnizar con 100.000 euros al padre de la víctima, 110.000 euros a la madre y 10.000 a la pareja de Víctor.

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