¿Cómo trabajar la autoestima del niño con discapacidad?

¿Cómo trabajar la autoestima del niño con discapacidad?
En un post anterior mencioné la importancia que tienen el autoconcepto y la autoestima en el logro de una personalidad sana. También se señaló el hecho de que las personas con discapacidad, desde edades tempranas, requieren de un apoyo específico en el desarrollo de estos aspectos. Desde pequeños, los niños con discapacidad, con frecuencia, están expuestos a situaciones de fracaso continuado. Además, al ser percibidos como dependientes, corren el riesgo de no ser respetados en cuestiones básicas como, por ejemplo, la privacidad, el derecho a elegir o a mostrar sus preferencias.

Como es de suponer, la familia, por la seguridad y afecto incondicional que ofrece, es un medio privilegiado para la adquisición de una autoestima adecuada. A través de pequeños cambios en las rutinas y en el contexto del hogar, los padres pueden crear las condiciones necesarias para que el niño se conozca, se valore y acepte tal como es.

Algunas estrategias para ello son las siguientes:

Celebrar los éxitos del niño, transmitirle la idea de que no hace todo mal (por ejemplo, un examen bien hecho, un gol en un partido…). Reconocer sus logros ante los demás.
Premiar el esfuerzo y no únicamente el resultado.
Situar espejos accesibles en los que el niño se pueda mirar y observar.
Colocar dibujos, manualidades suyas en sitios visibles de la casa.
Hablar con naturalidad sobre sus dificultades.
No dejar que la discapacidad dirija el rumbo de la vida familiar, ni sea el eje central de la relación entre padres e hijos. No todas las actividades ni momentos tienen que resultar «terapéuticos».
Respetar los espacios y tiempos privados en los que el niño esté solo. (Por ejemplo, llamar a la puerta antes de entrar, no tocar sus cajones, su mesa…).
Facilitar el acceso del niño a sus juguetes, libros, ropa… Colocar estanterías, cajones a su altura o medida.
Animar al niño a expresar sus preferencias, dándole a elegir en actividades y situaciones diarias. (Por ejemplo, elección de la ropa, de la merienda, de los juegos…)
Identificar los puntos fuertes o talentos del niño y usarlos como fuente de motivación. Evitar las comparaciones con otros niños.
Permitir que se equivoque y aprenda de sus errores. Dejar que experimente pequeñas dosis de frustración, que se enfrente a retos diarios sin sustituirle por miedo a que fracase.
Dividir tareas complejas en pasos pequeños, favoreciendo experiencias de éxito.
Proporcionar responsabilidades adecuadas a su edad y capacidad que hagan que participe en la vida y rutinas familiares. (Por ejemplo, encargarle tachar los días del calendario, regar las plantas, poner la mesa…)

Y, por último, recordar que el autoconcepto y la autoestima se construyen con la ayuda de los que nos rodean y, sobre todo, a partir de la interacción con personas significativas en nuestras vidas. Por tanto, para los padres la responsabilidad es grande y el camino largo y costoso.

Pero, sin duda, la meta merece la pena.

Créditos: Araceli Arellano Torres

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