Ser gay y vivir con discapacidad: “Al principio lo ocultaba, pero ahora muestro mi silla en Grindr con orgullo”

Se llama Guz Guevara, tiene 31 años, es Licenciado en Mercadotecnia internacional y es originario del estado mexicano de San Luis Potosí. Es activista por los derechos humanos de las personas con discapacidad y también es conductor de televisión del programa 80 millones que se transmite por el Canal 11 en México. Allí, Guz busca visibilizar a las personas que viven con alguna discapacidad. En sus palabras, este programa es un “detonador de conciencia”. Y es también un hombre gay.

Además de todo lo anterior, también es asesor y consultor de ayuntamientos, empresas, escuelas y organizaciones de la sociedad civil en temas de diversidad, derechos humanos, no discriminación e inclusión. Desde su silla de ruedas lucha contra el capacitismo, que se entiende como la discriminación y los prejuicios alrededor de las personas con discapacidad. Pero lo hace siempre con una sonrisa y un espíritu alegre y lleno de júbilo, que a veces roza incluso el humor negro.

“¡También tengo un proyecto musical llamado “Inválido”, ¡vayan a su plataforma de música favorita a escucharlo”.. En este proyecto musical, Guz Guevara muestra otra faceta de sí y desde el trap, el reggaetón y mezclas experimentales, toma con un humor punzante las distintas discriminaciones por las que ha sido atravesado. Es una de sus tantas maneras de gritarle al mundo que es una persona con discapacidad orgullosa de todos sus matices. Es el activista, es el conductor, y es el hombre que forma parte de la comunidad LGBT+ al que le gusta divertirse.

“No quería dar una batalla más”

Guz Guevara nació con osteogénesis imperfecta, una condición genética que ocasiona una alteración cromosómica, la cual provoca que sus huesos sean mucho más frágiles en comparación con un “hueso promedio”. Por tanto, utiliza una silla de ruedas para desplazarse desde los 7 años. Esta condición llamada popularmente “huesos de cristal”, ha hecho que Guz haya experimentado una gran cantidad de fracturas a lo largo de su vida.

Si el descubrir una orientación sexual diferente puede ser difícil, en su caso esto se multiplicó. Incluso pasó por la negación; no quería tener que librar una batalla más. “Cuando supe que no era heterosexual tuve mucho miedo. Durante mis años de adolescencia —entre los 12 y los 17 años— rogaba porque no fuera verdad. Me sentía culpable, sentía que “había fallado doble”. Pensaba: ¡Ya tiene discapacidad y ahora esto!”, cuenta.


Guz le dijo a Infobae que tardó en aceptar que era gay porque no quería dar "otra batalla". Crédito: Adrián Ramíguez)Guz le dijo a Infobae que tardó en aceptar que era gay porque no quería dar «otra batalla». Crédito: Adrián Ramíguez)

Según cuenta Guz, vivir con una discapacidad puede afectar la autopercepción y la autoestima. Y esto se ve incrementado cuando se trata de personas con una orientación sexual o expresión de género distinta. “En ese entonces creía que tanto mi discapacidad como el no ser heterosexual, eran una especie de defecto social. Algo que decepciona. Yo no quería volver a “decepcionar” a las personas que me amaban. Pareciera que vivir con discapacidad y ser gay ocasionaba una doble decepción. ¡Fue muy difícil romper esa sensación y dejar de tener ese paradigma en mi psique!”.

Vivir la sexualidad siendo discapacitado

A las personas que viven con alguna discapacidad, como es el caso de Guz, se les suele infantilizar. Se usan para referirse a ellas adjetivos condescendientes o se les ve incapaces de experimentar deseo, una suerte de personas inmaculadas o incluso “angelitos”. Para Guz es importante dejar de pensar así a las personas con discapacidad, y abraza plenamente su sexualidad, no solo desde lo afectivo, sino también desde lo erótico.

“Existen muchas personas que invalidan la sexualidad de quienes vivimos con discapacidad, aún sigue siendo un tema que incomoda. Es algo retador, porque soy un ser sexual como todos, pero las personas se sienten incómodas con eso. Me gusta que sepan que no soy un infante eterno, y que, aunque no tengo nada de celestial, puedo llevar a más de uno a las nubes”, cuenta divertido.

Si ya el uso de redes sociales de contactos para hombres gay puede ser un ambiente tóxico, lo es más cuando se vive con alguna discapacidad. Guz nos cuenta su experiencia en el uso de estas redes que se usan en su mayoría para encuentros sexuales casuales.

“Yo suelo utilizar Grindr, y ha sido todo un viaje y un proceso mi paso por la app. En mis primeros años solía esconder mi identidad en la aplicación, ya sabes, por todo esa carga moral y juicio social para aquellas personas que vivimos y experimentamos libremente nuestra sexualidad. Además del estigma por ejercer mi sexualidad, súmale el hecho de ocultar el vivir con discapacidad, en este absurdo intento por no ser inmediatamente descartado en ese catálogo digital de hombres”.

"Ocultaba que era discapacitado en Grindr para no ser descartado", le dijo a Infobae (Crédito: Adrián Ramíguez)«Ocultaba que era discapacitado en Grindr para no ser descartado», le dijo a Infobae (Crédito: Adrián Ramíguez)

Sin embargo, las cosas han cambiado y hoy es una persona orgullosa y visible en estas aplicaciones. “Desde que me mudé a la Ciudad de México tengo mucha más confianza en mí; ahora muestro mi rostro y mi silla con orgullo. También algunas de mis mejores fotografías. De vez en cuando recibo insultos y comentarios violentos hacia mi condición de discapacidad, sin embargo, entre más visible soy, menos me afectan esa clase de comentarios. Me he puesto en posiciones tan vulnerables que resulta imposible que personas externar intenten llegar a vulnerarme”, expresa.

La no discriminación y la conquista de espacios

Para Guz el desplazarse en una silla de ruedes nunca ha sido un impedimento para socializar. Ya desde pequeño se sumaba a los juegos desde su silla. Y eso ayudó a que ya mayor haya enarbolado un discurso de no autoexcluirse. “Desde que tengo 17 años —mal hecho, chaviza, no vayan si son menores—, acudo a centros nocturnos, incluso tengo un texto al respecto llamado “No me lo tomes a mal. Una década rodando por el antro gay” en un capítulo del libro Inflexión Marica: Escrituras del descalabro gay en América Latina”.

Él manifiesta que la no discriminación es un camino de doble vía. Hay que exigir sociedades libres de capacitismo pero tampoco hay que autoexcluirse. “A mis 31 años me gusta ir al cine, a algún restaurante, a bares. Ahora ya no salgo tanto de antro como solía hacerlo. En realidad estoy en todos los espacios, soy creyente de que hay que conquistarlos, sobre todo los más inaccesibles, en donde menos se espera que te encuentres, ahí voy a estar”.

“Los hombres gay hemos replicado muchas violencias para el resto de las poblaciones diversas”Para Guz, los hombres gays suelen replicar la violencia que se ha ejercido sobre ellos durante sus vidas al relacionarse con otros hombres. (Crédito: Adrián Ramíguez)Para Guz, los hombres gays suelen replicar la violencia que se ha ejercido sobre ellos durante sus vidas al relacionarse con otros hombres. (Crédito: Adrián Ramíguez)

Hablar de no discriminación y de inclusión debe hacerse, desde la perspectiva de Guz, desde el individuo y desde la colectividad. A pesar de saberse en una condición vulnerable por ser una persona gay que vive con discapacidad, también reconoce que su condición de hombre cisgénero lo coloca en una situación de privilegio respecto a otros sectores que han sido históricamente oprimidos.

“Hay que derrumbar el sistema capacitista. Hay que dejar de considerarnos inferiores, sí, pero también hay que cuestionar desde nuestras identidades LGBT+. Es indispensable cuestionar a la llamada ‘comunidad‘.; hay que darle prioridad a las identidades mucho más oprimidas y violentadas, incluso por los mismos hombres gay, porque sí, hay que decirlo: los hombres gay hemos replicado muchas violencias para el resto de las poblaciones LBT+. Y sin duda, las poblaciones sexo-diversas tienen mucho qué conciliar y sanar hacia las personas que vivimos con discapacidad”, señala.

Finalmente, Guz puntualiza que para las personas LGBT+ no hegemónicas, la mera existencia y la visibilidad son ya en sí mismos actos de resistencia. “Mi primera lucha para que las cosas cambien es simplemente existir. Después, trabajar, estar en foros, dar charlas de sensibilización, acudir a espacios, abordar su representatividad en todos los lugares donde tengo voz. Participo en campañas e incluso, ¡canto y comparto mis experiencias! ¡La revolución será diversa, interseccional y anticapacitsta o no será!”, remata.

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