Desarrollan una nueva técnica para luchar contra la ceguera irreversible

Ceguera

La pérdida de las células de la retina sensibles a la luz es el destino común en muchas de las enfermedades de esta zona del ojo, hecho que puede conducir a una ceguera irreversible .

Un equipo de investigadores ha logrado reprogramar directamente fibroblastos – células encargadas de mantener la estructura de los tejidos del cuerpo- para reconvertirlas en células fotosensibles de la retina. Al ser trasplantadas a ratones de laboratorio ciegos , les permitió restaurar parte de su visión y discriminar entre zonas claras y oscuras. El estudio se publica hoy en la revista Nature .

La degeneración macular se produce cuando las células sensibles a la luz se van deteriorando poco a poco haciendo que la visión central se nuble gradualmente en el ojo afectado

La degeneración macular se produce cuando las células sensibles a la luz se van deteriorando poco a poco haciendo que la visión central se nuble gradualmente en el ojo afectado.

“Este es el primer estudio que muestra que la reprogramación química directa puede producir células similares a las presentes en la retina, lo que nos brinda una estrategia nueva y más rápida para desarrollar terapias para la degeneración macular relacionada con la edad y otros trastornos de la retina causados por la pérdida de fotorreceptores”, dijo en un comunicado el coautor del artículo Anand Swaroop, investigador en el Instituto Nacional de Oftalmología de Estados Unidos (NEI, por sus siglas en inglés).

Según apuntan los investigadores en el artículo, si bien aún no existen tratamientos efectivos para mejorar la visión, una estrategia prometedora en la actualidad es la reprogramación química que permite crear los fotorreceptores de la retina e implantarlos en el ojo.

Realizada en modelos animales, la técnica implica el desarrollo de células madre pluripotentes a partir de otras células o el uso de células madre embrionarias. Luego estas se programan para dotarlas de sensibilidad a la luz y son trasplantadas a la retina de los animales.

En el nuevo estudio liderado por Biraj Mahato, del Laboratorio de Rehabilitación Retiniana de la Universidad del Norte de Texas (EE.UU.), se ha logrado este resultado pero evitando el primer paso al reprogramar directamente fibroblastos. Una de las consecuencias directas de la técnica supuso el ahorro del tiempo, que pasó de los seis meses para un protocolo estándar a los diez días.

Para ello el grupo empleó fibroblastos cultivados a partir de embriones de ratones. También usaron fibroblastos presentes en la piel humana y en pulmones de fetos humanos pero estos no se trasplantaron luego a los animales.

Tras varios intentos basados en estudios previos en los cuales convertían estas células en neuronas, los investigadores dieron con una combinación de cinco pequeñas moléculas capaces de impulsar la conversión de los fibroblastos en células similares a fotorreceptores tipo bastones. Las nuevas células inducidas químicamente fueron luego implantadas en 16 ratones con degeneración retiniana y para comprobar el éxito de la operación se midieron los reflejos pupilares.

Tres meses después del trasplante, los estudios de inmunofluorescencia confirmaron la supervivencia de las células similares a fotorreceptores inducidas químicamente (verde). También muestran la integración de las células en las capas de la retina del ratón.

Tres meses después del trasplante, los estudios de inmunofluorescencia confirmaron la supervivencia de las células similares a fotorreceptores inducidas químicamente (verde).

La pupila -el disco negro del centro del ojo- es capaz de reaccionar a la luz y dilatarse en su ausencia o contraerse si hay mucha. Pero para ello el ojo debe detectar la luz con los fotorreceptores de la retina. Los bastones se encargan de mediar en esta adaptación pupilar en condiciones de baja iluminación. En condiciones de mucha luz los protagonistas serían los conos.

Después de un mes del trasplante, seis de los animales mostraron una robusta constricción pupilar, la cual no se daba en los ratones ciegos. Los animales que respondieron bien al tratamiento también exploraban más el espacio y mostraban preferencia por zonas poco iluminadas. Tal comportamiento que requiere visión y refleja la tendencia natural de estos roedores a buscar lugares seguros y oscuros en lugar de los claros.

Para los autores estas células fotorreceptoras inducidas químicamente presentan potencial terapéutico si bien su uso se limita de momento al laboratorio. Supondrían un candidato prometedor para el reemplazo de células dañadas en la retina y podrían conducir a un posible tratamiento para la restauración de la visión. La optimización del protocolo permitiría aumentar el número de fotorreceptores transplantados y lo acercaría a la aplicación clínica.

 

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