¿Cómo nos afecta la actitud de la sociedad sobre mi sexualidad?

La actitud social ante la sexualidad tiene una mayor importancia de que cabría imaginar. Vivimos en una sociedad donde cualquiera se siente con el derecho de opinar, sentenciar e enjuiciar lo que es “normal” y “adecuado” ante cualquier tema y la sexualidad a pesar de su carácter íntimo, no es una excepción.

De esta manera se genera un idea colectiva de lo que es, y no, normal en el sexo, lo que hace que aquellos que no están dentro de ese “habitual” experimenten sentimientos encontrados. Por un lado, el deseo que existe en cada ser humano al margen de sus particularidades físicas; por otro, la censura que muchas veces se convierte en auto-censura ante la sexualidad porque sientes que es algo reservado para otros, para cuerpos jóvenes, bellos y saludables.

Sin pretender desviar toda la responsabilidad de una vivencia plena de la sexualidad a los demás, el propio afectado tiene que poner de su parte para que esto suceda; conviene reflexionar sobre la población general. Para empezar, rompamos un mito, no es cierto que alguien sin discapacidad no pueda enamorarse o únicamente sentirse atraído/a por una persona que si vive con una discapacidad. Esta realidad existe, incluso es más común de lo que podría creerse; no son pocas las personas que desafían el “qué dirán” y se guían por sus sentimientos y deseos sin importarles la discapacidad del otro o la otra. Sin embargo, la realidad es que hay muchas otras personas que se avergüenzan por desear a alguien con discapacidad e incluso hay quien cree que es un problema sexual lo que causa ese interés.

Sexualidad

Y ¿qué papel juegan las familias y/o educadores? Siempre con la mejor de las intenciones eso sí, encontramos cómo los esfuerzos se centran en la recuperación de la persona para normalizar su vida en todas las esferas. ¿En todas? La sexualidad acaba normalmente por dejarse de lado, por no tenerse en cuenta, muchas veces por el miedo a poder estar abriendo una caja de Pandora que libere intereses y deseos que se piensan dormidos, incluso aparece el temer que surjan preguntas incómodas para las que no se tienen respuestas.

Como decíamos al principio, conviene reflexionar sobre esto.

Los derechos sexuales son derechos humanos fundamentales y universales.

De estos extraemos que cada persona, al margen de tener alguna discapacidad, tiene derecho al libre acceso a la información necesaria sobre la sexualidad, y lo que es más importante, cada persona tiene derecho a la expresión de su sexualidad.

Declaración del XIII Congreso Mundial de Sexología, 1997, Valencia, España. Revisada y aprobada por la Asamblea General de la Asociación Mundial de Sexología (WAS) el 26 de agosto de 1999 en el XV Congreso Mundial de Sexología, Hong Kong, República Popular China.

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