Rumbo al Mundial 2018: la selección mexicana de futbol para ciegos busca hacer historia

Jorge Lanzagorta está frente a tres hombres uniformados. Una barrera humana que le impide el paso. Los hombres bailotean, el sonido de los cascabeles dentro del balón a los pies de Jorge ubican su posición, la del número 11. Ninguno de los cuatro ve, son ciegos o al menos débiles visuales.

Jorge toca el balón tres veces, derecha, izquierda, derecha. Tres pasitos cortos y  acomoda el balón para soltar un trallazo con la zurda. El balón cruza la barrera humana, vence al arquero, el único de los jugadores que tiene vista intacta y no lleva cubiertos los ojos, y cruza por el ángulo derecho los tres palos que delimitan la gloria del gol.

Es 15 de septiembre de 2016 y es el primer tanto de la selección mexicana de Futbol 5 en su partido con Marruecos en los juegos paralímpicos de Río 2016. El equipo sumó un gol más en ese partido y se ubicó en la séptima posición en esa disciplina en la justa paralímpica brasileña.

Ahora el equipo se prepara para el mundial de 2018 a celebrarse en España, la que será su primera participación en una justa mundialista. El boleto para Madrid lo obtuvieron a principios de diciembre cuando lograron el cuarto lugar en la Copa América que se jugó en Chile.

La base del cuerpo técnico y los jugadores es el equipo Topos de Puebla.

Topos también es el equipo de Jorge Lanzagorta, el goleador de la selección. Un joven que en 2010 inició el equipo de futbol para ciegos poblano tras su regreso de Chile, donde estuvo en 2008.

En la universidad Iberoamericana Puebla, en donde Jorge estudió Ciencias de la Comunicación, encontró a Luis Ortiz, con quien empezó a formar el equipo, primero como un asunto de mero entretenimiento, después como profesionales.

“Cuando empezamos a jugar nos dimos cuenta que con el futbol se podían generar muchas cosas en las personas con discapacidad visual, y ya empezamos a desarrollar talleres de habilidades para la vida, todo el tema de autoestima, resiliencia, resolución de conflictos. Y de ahí nos dimos cuenta que en San Luis también habían unos chavos que estaban empezando con su equipo, y que ellos estaban metidos en toda la estructura política de la federación del deportes para ciegos”, explica.

Aunque Jorge no nació con esa condición, una enfermedad genética llamada Retinosis Pigmentaria comenzó a deteriorar su vista a partir de los 15 años hasta llegar, prácticamente, a la ceguera total. Eso no lo detuvo.

El ciclo arrancó en Chile

La Copa América, cuenta Jorge, es el inicio del ciclo olímpico en la especialidad. Después viene el Mundial, al tercer año son los Parapanamericanos y por último el torneo en los Paralímpicos.

En este ciclo la selección mexicana de la especialidad inició con el pie de derecho, tras vencer a las escuadras chilenas y peruanas en la Copa América obtuvieron el boleto para los dos siguientes torneos, el Mundial y los Parapanamericanos. De su desempeño en esos eventos dependen para llegar a los Paralímpicos de 2020 en Tokio.

El futbol para ciegos está muy fuerte en Sudamérica, con Brasil y Argentina, explica Jorge. No es gratuito, en el cono sur el deporte se practica desde la década los 70. Y en esos países el futbol, en sus varias modalidades, es casi una religión.

Para México, es un deporte que recién comenzó en 2012, después de la participación de la escuadra tricolor en los Parapanamericanos de Guadalajara, se convirtió en un deporte reconocido por la Federación Mexicana de Deportes para Ciegos, y ahí empezó su desarrollo en varios estados del país.

A nivel mundial el deporte está reconocido como especialidad formal desde hace más de 12 años, pues comenzó a jugar de manera oficial en los Paralímpicos de Atenas 2004.

En la justa mundialista de 2018 asistirán también potencias como China, Irán, España y Rusia, 16 países en total.

“Para el mundial tenemos que trabajar un montón como equipo, mejorar en condición física, en técnica. Estamos ranqueados como el noveno del mundo, pero hay cosas qué mejorar sin duda”, dice Jorge.

Futbol para ciegos

México se prepara para el Mundial de 2018 a celebrarse en España, la que será su primera participación.

Un deporte de oídas

El futbol 5 en su modalidad de ciegos y débiles visuales es un deporte que se juega de oídas. Son cinco jugadores en la cancha y, a excepción del portero, todos los demás son invidentes y juegan con los ojos vendados. Se guían por el ruido que hacen los cascabeles o balines dentro del balón, por el grito “voy” al que están obligados los jugadores al acercarse al balón, y por las indicaciones del equipo técnico.

La cancha que mide 40 metros de largo por 20 de ancho, es casi dos veces una de basquetbol, se divide en tres tercios. En la primero quién ordena al equipo es el arquero. En el segundo tercio quién grita las ordenes es el director técnico y en el tercer tercio quien lleva la voz cantante es el guía de arco, que orienta a los jugadores para dirigir los tiros a gol. En caso de decretarse un penal, el guía de arco pega en los postes de la portería para que los jugadores pueden ubicar en su mente el espacio de gol. El público está obligado a guardar absoluto silencio.

La base de las reglas del futbol 5 son las reglas FIFA, adaptadas a las necesidades y limitantes de la falta de visión de los jugadores.

Esta Copa América fue el primer torneo internacional del nuevo cuerpo técnico, se integraron el entrenador y el guía de arco de Topos Puebla a la selección. “Son novatos en tema de selección –dice Jorge–, pero ya tienen todo el trabajo que hay que desarrollar para llegar el mundial en mejor nivel”.

Por el momento la selección de futbol 5 para ciegos y débiles visuales tiene el destino en sus manos. Y Madrid los espera en 2018.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

 

 

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