“Estar en silla de ruedas ya no es mi cruz,es la razón por la que escribo”

“Estar en silla de ruedas ya no es mi cruz,es la razón por la que escribo”

Sus dedos largos y delgados se enrulan como finos alambres. Portan mariposas. Verónica Cantero Burroni ama sus anillos de mariposas. Vuelan sobre el teclado. Son alas que dan cuenta de su transformación. Hablan de sus cuentos y de sus novelas. Historias que teje en su cabeza y en su corazón adolescente. Historias que luego pasan a la compu o al papel y que siempre navegan en su libretita inseparable.

Verónica habla entrecortado. Respira como si se ahogara. Se desplaza en silla de ruedas. Sonríe. En seis días cumple 15. Y en cuatro, el 1° de junio, entrará al Senado de la Nación para recibir una distinción en la 25° Bienal de ALPI (Asociación de Lucha contra la Parálisis Infantil). No es el primer premio que gana. Su novela, El ladrón de sombras, editada por Quipu, obtuvo el título Elsa Morante en Italia y fue publicada en español e italiano.

Verónica cursa cuarto año de la orientación Naturales en la Escuela Santo Tomás de Aquino de Campana. Es una escuela normal. Desde los dos años pasó por tantas cirugías reconstructivas de sus piernas y caderas que ya no sabe cuántas suman. Eso sin contar las aplicaciones de botox cada seis meses, con cirugía general, a las que se somete para “ablandar” los músculos. Es la menor de los trillizos Cantero Burroni y la sexta de siete hermanos. El 3 de junio de 2002, Francisco nació a las 10, Lucía a las 10.25 y Verónica, 10.30. Tenían seis meses de gestación. Faltó oxígeno en el parto. Les diagnosticaron parálisis cerebral. La de Lucía es imperceptible: se mueve, habla y camina como cualquier adolescente. La de Francisco y Verónica requiere atención especial: kinesiología, terapia ocupacional e hidroterapia todas las semanas más dos acompañantes terapeúticos que los cuidan cada día.

Tiene 14 años y parálisis cerebral: "Estar en silla de ruedas ya no es mi cruz,es la razón por la que escribo"

 

Verónica Cantero Burroni vive con su familia en Campana. En la foto con algunos de sus hermanos, su mamá y acompañantes terapeúticos. FOTO: ANDRES DELIA.

La casa de los Cantero Burroni parece un laboratorio de equipos ortopédicos y movimiento permanente de asistentes y gente que los ayuda. En el chalet no hay televisor. El aparato viejo se rompió: nadie consideró de interés repararlo. El papá, Gustavo Cantero, trabaja como gerente hospitalario y Cecilia, la mamá. corre las 24 horas detrás de los hijos. El mayor, Agustín (20), vive solo y estudia ingeniería. Le sigue Nacho (18), que es músico y va al colegio industrial; Santiago (17) es alumno del Santo Tomás como los trillizos y como Paulina (8), la menor. “Me embaracé de los trillizos sin tratamiento y sin tener ningún antecedente”, cuenta casi a modo de justificación Cecilia, cara de cansada, muy amable y sin sonrisas por demás.

La que sí sonríe, siempre, es Verónica. Detrás de sus lentes de lectura, confiesa que este año estuvo lleno de sorpresas y alegrías. “Pasé, literalmente, de la cama al avión. Mientras estaba en reposo por mi última operación que duró 10 horas, me llegó la noticia. Mi novela El ladrón de sombras acababa de ganar la terna en un certamen literario donde competía con dos prestigiosos escritores”, señala. Los médicos le autorizaron a viajar. Y Verónica se subió por primera vez a un avión. Con su mamá, volaron 14 horas hasta Roma para recibir la distinción. En la valija, Verónica puso un ejemplar de su novela dedicado para el papa Francisco y esperó al miércoles, día de las audiencias en el Vaticano.”Quedé en primera fila, en el sector reservado para los chicos con discapacidad”, explica. “Si el Papa me saludaba estaba contenta y si no, también, porque lo estaba viendo muy de cerca”, confiesa en el living de su casa. Verónica no tuvo que conformarse. “Cuando terminó la ceremonia, Francisco bajó las escaleras y vino directo hacia mí. De una. ‘Me contaron que sos muy buena escritora’, me dijo y yo de la emoción no podía ni hablar. Le di mi libro firmado: ‘Gracias porque me enseñaste a ver la vida con el ojo de vidrio’, le puse. Me dio las gracias, un abrazo y un beso. Y me dijo que rezara por él”.

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¿Un ojo de vidrio?

Lo había visto al Papa, en un video. donde daba un discurso para los jóvenes cuando viajó a Cuba. Ahí él explicaba: “Todos tenemos un ojo de carne y otro de vidrio. Con el de carne vemos la realidad. Y con el de vidrio, los sueños”. Y yo estaba viendo un sueño que se me estaba haciendo realidad. O sea que usé los dos ojos, el de carne y el de vidrio. Lo anoté en mi libretita, donde pongo todo lo que me interesa y que me gustaría usar en mis novelas. De hecho, cuando termine la que estoy escribiendo ahora, que se llama La fragancia de los sueños, voy a hacer otra titulada El ojo de vidrio.

¿Sos soñadora?

Sí, bastante y sobre todo por lo que me pasó. En 2016 la vida me puso a prueba con la confianza que yo tenía sobre mi sueño. Me imaginaba algo así pero a los 20 ó 25 años. Y Dios me dijo: “No, pará. ¿Por qué lo pensás lejos si lo podés hacer realidad ahora? ”

¿La fe en Dios es un refugio?

Gracias a mi fe puedo afrontar lo que me toca. Y gracias a mi fe pude encontrar una razón a esta condición que tengo. Estar en silla de ruedas ya no es mi cruz. Es la razón por la que escribo. En algún momento me empecé a preguntar para qué y por qué me tocó esto. Con la escritura lo pude responder.

¿Y cuando te pones mal?

Mi familia me contiene mucho. Cada vez que tengo dudas o me pongo mal por algo, ellos me repiten que esto es para algo más grande. Que no me quede en ese lugar de sufrimiento.

Tu ejemplo puede ayudar a otros.

Cuando Dios me pensó así, no lo hizo para que sufriera. Sino para que pudiera darme cuenta de que hay algo más allá de lo que somos físicamente. La vida me llevó a apoyarme mucho en la fe. Mi familia me enseñó que Dios nunca me va a dejar plantada. Me bauticé, tomé la comunión y me confirmé el año pasado. A veces estoy cansada, pero cuando voy a misa me ayuda. Y cuando no tengo ganas de ir, mi familia me insiste y me hace bien.

En la novela describís situaciones que tienen que ver con el movimiento. ¿Cómo influye tu condición de movilidad a la hora de escribir?

Estar limitada en esta condición me permitió observar detalladamente la condición de los otros. A mí no me afecta no poder moverme. Aprendí a vivir con esto. Esta condición que tengo me hizo ser más observadora. Dios me dio este don para decirle a la gente: “Por más que estés así, sí podés”.

Tiene 14 años y parálisis cerebral: "Estar en silla de ruedas ya no es mi cruz,es la razón por la que escribo"

“El ladrón de sombras”, de Verónica Cantero Burroni, editada por Quipu, la novela premiada.

Jugar con las sombras, como lo hacés en tu novela, también tiene que ver con el movimiento.

Sí. Me puse a pensar que las sombras son como nuestro espejo, imitan todo lo que hacemos, nuestros movimientos. ¿Qué pasaría, si en algún momento, no tengo ese “espejo” y no puedo ver los movimientos que hago? Ese fue el disparador del relato.

¿Te costó elaborarlo?

Me tomó un año. Escribo en cualquier momento. Cuando se me ocurre una idea la anoto en el celular y cuando tengo tiempo la transcribo a la compu. En mi libretita está todo lo que me gustaría incluir en mis libros.

¿Cuál es la parte de la escritura que más te gusta y la que menos?

Cuando está la hoja en blanco, y no se me ocurre nada, es un poco inquietante. Lo que más me gusta, una vez que tengo la idea, es encontrar la mejor manera de desarrollarla.

¿Qué leés?

Me gusta mucho Alessandro D’Avenia porque no se queda sólo en la historia , sino que refleja el mundo adolescente Me contacté con él cuando fui a Italia. Me dijo que iba a leer mi libro y me deseó suerte en mi carrera de escritora. A D’Avenia lo conocí por mi amiga Bernardita, que vive en Córdoba, y me regaló uno de sus libros.

¿De grande te imaginás escritora?

No tengo demasiado planeada mi vida. Me gusta periodisimo porque amo leer, viajar y escribir. Pero no sé qué voy a estudiar verdaderamente. Quiero que la escritura sea un hobby. Quiero escribir cuando sienta la necesidad y cuando tenga ganas de comunicar algo. Quiero viajar mucho también. Me encantaría ir a México. Vi fotos de sus playas, me impresionó el mar tan transparente comparado con las costas de San Bernardo y de La Lucila del Mar, que son las que conozco. Y quiero volver a Roma porque me hice muchos amigos allá.

¿Por qué empezaste a escribir?

Fue a los siete años, en unas vacaciones en Cataratas del Iguazú. Allí estaba Alver Metalli, periodista y escritor, muy amigo de mi familia, que me alentó. El sigue viniendo a casa, una vez por semana con su computadora, charlamos sobre mis textos, los leemos juntos y me orienta sobre cómo trabajarlos mejor.

¿Qué aprendiste de tu papá y de tu mamá?

Mi mamá es una mujer muy luchadora. Ella es psicóloga y dejó su profesión cuando nacimos los trillizos. No para hasta conseguir lo que se propone. De ella, aprendí a jamás quedarme con un no. Aprendí a luchar. Y de mi papá heredé los sueños. Es muy lector también.

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Verónica Cantero Burroni con su mamá Cecilia. “De ella aprendí a jamás quedarme con un no”, dice Vero. FOTO: ANDRES DELIA.

¿Te inquieta el futuro? ¿Saber si te vas a casar o formar una familia?

Cuando me pongo a pensar en el futuro, me digo, “pará”. Ahora estoy acá y después la vida y Dios van a decir qué me tienen preparado en el momento que me lo tengan que indicar. Si en algún momento me preocupo, pienso sólo en el presente. En lo que me toca hoy. Además, ¿quién sabe lo que te puede suceder mañana?

Aparte de escribir, ¿en qué otros momentos sos feliz?

Cuando voy a nadar a la casa de mi abuela, en verano. Nado y floto. A veces se me complica un poco porque no llego a tomar todo el aire que necesito. Tengo que darme vuelta en el agua para respirar. Giro, me pongo boca arriba y lo intento. Otras tengo que pedir ayuda porque hasta que me doy vuelta se me terminó todo el aire. Entonces me sacan del agua, respiro un poco y vuelvo a entrar.

 

Original.

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