‘Bendición de Dios tener hija con parálisis cerebral’

‘Bendición de Dios tener hija con parálisis cerebral’

“Al llegar a la casa y ver su sonrisa me inyecta alegría, me quita el cansancio que me ocasiona el trabajo”, afirma visiblemente emocionada Ramona Cepeda respecto de su hija Laura Elizabeth, quien a sus 36 años la parálisis cerebral no le ha impedido “vivir muchos momentos felices en familia”.
La plática se da entre el trajinar de personas que asistieron a una más de las entregas de apoyos del DIF Coahuila, prácticamente una fiesta, en favor de los discapacitados. Ahí estuvieron Laura Elizabeth Aranda Cepeda en su silla de ruedas, su mamá Ramona Cepeda y su esposo Héctor Eduardo.
Apenas empieza a agarrar confianza y platica: “Mi niña nació con parálisis cerebral, tiene 36 años y en noviembre próximo cumplirá los 37, vivimos en la colonia Oceanía y hoy acudimos a recibir pañales y cupones para el transporte Une-DIF, que es el taxi que la mueve para ir a la escuela APAC Hellen Keller y recibir terapia, lugar en el que ya casi completamos los 14 años yendo”.
LOS INICIOS
Ramona hace la remembranza del diario vivir: “La recibí siempre como una bendición, de que ha habido ratos difíciles, muchos…; quedé viuda cuando ella apenas tenía cinco años de nacida, pero al poco tiempo Héctor pasó a ser su padrastro, sin embargo he recibido mucho apoyo de él, mucho cariño, mucho, mucho.
“Durante casi 30 años me pesa la edad, reconoce, nos la hemos pasado muy difícil, pero me ha apoyado mucho con su presencia. En cuanto a mi hija la acepté como una bendición de Dios, porque si uno los ve como algo.., una enfermedad y todo eso, pues sí será muy pesado.
“Pero gracias a Dios hemos sabido sobrellevar, en lo que se puede; ella casi siempre anda en la calle, es decir, en lo que se puede llevando su vida lo más normal posible, aunque depende de todo para mí; hay que darle de comer en la boca, cambiarle de pañal, cargarla, sentarla o bajarla de la silla, ella requiere apoyo para todo, no se mueve nada.”
DIFICULTAD Y FELICIDAD
Pero así como ha habido momentos difíciles, ha habido infinidad de momentos de felicidad, asegura Ramona. “Muchos, sus cumpleaños, por ejemplo, y es que yo trabajo, al llegar a la casa y ver su sonrisa me inyecta alegría, me quita el cansancio que me ocasiona el empleo.”
Sobre la parálisis cerebral de Laura Elizabeth, quien no pierde detalle de lo que dice su madre en la entrevista, ella es la mayor y hay dos hijas más, de las cuales Ramona ya tiene ocho nietos; no obstante la discapacidad de Laura Elizabeth ha criado a sus sobrinos con un canguro – y señala su regazo–, porque ella adora a sus sobrinos”.
No platica por su padecimiento, todo es a señas, pero se ríe, grita, se emociona, llora de emoción, aunque también tienen momentos en que convulsiona.”
Discretamente precisa: “Me la llevé de viaje, salimos el fin de semana a Plateros, San Juan de los Lagos y ella lo disfrutó sobremanera, mucho”.
En cuanto a sus actividades, afirma que Laura tiene sus preferidas y le fascinan, por ejemplo ver la televisión; de leer no —confiesa—, “le leo cuentos, pero la televisión nada más no se la apaguen, aunque cuando salgo a trabajar mi esposo se hace cargo de ella; le encanta la música, programas musicales, le gusta bailar, disfruta mucho los juegos y demás”.
TRABAJO Y FAMILIA
Toda mi vida he trabajado, revela Ramona Cepeda y platica de cómo ha sido el sacar adelante a sus tres hijas, especialmente a Laura Elizabeth. “Toda la vida, empecé a trabajar muy joven; cuando quedé viuda, mi hija cayó al hospital y estaba muy malita, ahí fue donde me las vi muy difíciles porque imagínese con las otras dos niñas y la casa.
“Aunque me la he llevado trabajando y en ratos llorando porque todavía está viva, pero gracias a Dios hemos salido adelante.”
—Al inicio, en el momento primero que se enteró del padecimiento de su hija mayor, ¿cómo lo tomó? —se le cuestionó.
“No lo entendí. Al principio no lo entendí, al mes de embarazo me dio rubeola, en el momento en que iba a estudios de embarazo me envían a análisis de rubeola, me dijeron que cuando tuviera cuatro meses de gestación me llegarían los resultados de la rubeola, eso era entonces, hace más de 30 años, pues no era como hoy, todo rápido por el avance médico.”
Y, pues sí, llegaron los resultados, continúa, había sido rubeola. “Recuerdo que los médicos me propusieron el aborto, porque me explicaron que sería un embarazo difícil, incierto, porque no se sabía cómo viniera mi hija, podría haber malformaciones y para nosotros como papás sería una muy difícil la vida.”
Se asoman las lágrimas
Respira hondo, agarra fuerzas como tratando de contener las lágrimas que por el recuerdo posiblemente la traicionan, y se asoman a los ojos, se quiebra la voz por el nudo en la garganta: “Nunca acepté el aborto, bendito Dios, nunca lo aceptamos, ya que nos dijeron que había la posibilidad de sólo uno por ciento de que vinera bien nuestro bebé, contra un 99 por ciento de que llegara mal…, pues aun así, dijimos, nos quedamos con ese uno por ciento, porque qué tal y ese uno por ciento que creemos que no existe, sí existe. Pues para mí ese uno ha sido lo máximo, porque ha sido una vida, una criatura normal, en todos los aspectos, llora, come, ríe, todo normal.”
He insiste en darle gracias a Dios, el haber tomado esa decisión y sacarla adelante, “le digo, a sus cinco años de edad (de la niña), muere mi esposo, su papá, y desde entonces ha sido sacarlas adelante a las tres, más que todo trabajando, he laborado en la fábrica, en casas, en la construcción…, en lo que se me ponga enfrente, nada más que no les falte la comida a mis hijas”.
“¡Y aquí estamos!”, afirma una vez pasado el trago amargo del nudo en la garganta, que ésta se libera y vienen más palabras: “Cuando me dice alguien, es que por mis hijos no puedo trabajar’, perdón, porque no se vale que por cuidar al niño no puedas trabajar; con ella internada y todo había que seguir trabajando. Y aquí estamos, gracias a Dios que me puso este gran ángel en el camino y ahora nos ayuda muchísimo”.

Busca su pensión

 

Y entonces la afanosa madre ve hacia el futuro inmediato: “En lo personal sigo trabajando, pero ahora buscando mi pensión; si no me equivoco este año sigo cotizando para lograr esa pensión, pero gracias a Dios tenemos a este ángel a nuestro lado.”
Luego de callar unos instantes, finalmente suelta y confiesa: “Sin el apoyo de mis otras dos hijas, Aurora y Milagros, no hubiera logrado nada. Ellas me apoyan muchísimo, pues ahora sí que sin la unión de la familia que somos no fuéramos nada”.
Después de platicar su historia de amor y entrega, sin pensar siquiera que eso fuera, se retira llevando a su hija en la silla de ruedas, contentas ambas y su esposo, de haber salido de casa a recibir su apoyo y distraerse un rato de la rutina diaria.

 

 

 

Original.

0 Comentarios desactivados 80 23 octubre, 2017 Parálisis Cerebral octubre 23, 2017