{"id":5499,"date":"2013-04-04T17:03:34","date_gmt":"2013-04-04T23:03:34","guid":{"rendered":"http:\/\/todossomosuno.com.mx\/portal\/?p=5499"},"modified":"2013-06-04T16:05:39","modified_gmt":"2013-06-04T21:05:39","slug":"apoyos-un-epilogo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/todossomosuno.com.mx\/portal\/apoyos-un-epilogo\/","title":{"rendered":"Apoyos &#8211; Un ep\u00edlogo"},"content":{"rendered":"<p>En mi casa la factura del tel\u00e9fono no es precisamente peque\u00f1a, a pesar de la intensa comunicaci\u00f3n v\u00eda Internet con tarifa plana y todos esos artilugios. Y no es que seamos tantos, ni que haya adolescentes con h\u00e1bitos comunicadores compulsivos. Pero es cierto que hablamos bastante. Y no menos mis dos hijas que saben que una de las cosas m\u00e1s bonitas que hay es interesarse por la amiga que est\u00e1 enferma, o dar las gracias por algo, o felicitar el cumplea\u00f1os, o hacer un plan Pero sus intereses no quedan restringidos a su ambiente m\u00e1s cercano. Son madrinas de dos ni\u00f1as escolares de la India. Reservan de su sueldo mensual \u2013previo prolijo ejercicio aritm\u00e9tico, que todo hace falta- lo que deciden abonar para ayudar a proyectos de gran repercusi\u00f3n humana; sueldo que una lo gana por su trabajo fuera de casa, la otra por su trabajo en casa. Est\u00e1n atentas para dar \u00abextras\u00bb cuando hay un accidente que exige un apoyo mundial y masivo. En resumen, su discapacidad no las deja aparcadas en la cuneta de un ego\u00edsmo aislante.<\/p>\n<p>Pero no crean que todo surge de un modo espont\u00e1neo.<\/p>\n<p>\u00c9pocas hubo en que prestar un v\u00eddeo o soltar un euro constitu\u00edan decisiones arduas tomadas tras no pocas horas de reflexi\u00f3n y argumentaci\u00f3n. Una y otra vez. Pero la buena pedagog\u00eda, ustedes lo saben, no se cansa: repite y reitera. \u00bfPor qu\u00e9 cuento todo esto?<\/p>\n<p>En varios de mis \u00faltimos art\u00edculos he abordado la realidad de los apoyos como instrumento sustancial que, por un lado, define la discapacidad, y por otro llena de sentido a una respuesta activa aut\u00e9nticamente humana. Pero me propongo dar un paso m\u00e1s.<\/p>\n<p>La aparici\u00f3n de una discapacidad en alg\u00fan miembro de la familia nos obliga de inmediato a buscar apoyos desesperadamente.<\/p>\n<p>Apoyos afectivos, en primer lugar. Y salvo tristes excepciones, los recibimos masivamente de nuestra familia, de nuestros amigos, de asociaciones donde las hay y hasta los buscamos en p\u00e1ginas Web. Incluso a veces asistimos a una especie de competici\u00f3n, a ver qui\u00e9n se vuelca m\u00e1s en aportarnos comprensi\u00f3n, proximidad, ayuda.<\/p>\n<p>Apoyos profesionales. Creemos que nuestra vida, nuestro horizonte, nuestro estar en el mundo han cambiado. Y pedimos ayuda para solventar miles de dudas sobre la salud, la alimentaci\u00f3n, quiz\u00e1 la atenci\u00f3n temprana.<\/p>\n<p>Apoyos educativos. Pronto se nos ha hecho ver la importancia de la acci\u00f3n educativa; e incluso, una vez que hemos aprendido algunos conceptos sobre los problemas biol\u00f3gicos que provocan esa discapacidad, nos hemos convencido de que la acci\u00f3n del ambiente puede modular beneficiosamente la alterada biolog\u00eda.<\/p>\n<p>Apoyos econ\u00f3micos. L\u00f3gicamente indagamos las prestaciones econ\u00f3micas, y solicitamos a los representantes de la sociedad que gestionan ese bien com\u00fan que todos los ciudadanos aportamos, que contribuyan a sufragar de los mil modos posibles el gasto extraordinario que nuestro hijo requiere.<\/p>\n<p>Apoyos, en fi n, que sirvan para que se convierta en un ciudadano integrado en la sociedad, con capacidad de utilizar y disfrutar los logros y beneficios que la sociedad genera.<\/p>\n<p>Todo esto parece necesario y l\u00f3gico. Nos hace un tanto reivindicadores, en mayor o menor grado seg\u00fan sea nuestra propia manera de ser. Algo que la sociedad ha de ir asumiendo en su lento avance hacia el reconocimiento de los derechos de todos los ciudadanos que la conformamos.<\/p>\n<p>Y con todo, quiz\u00e1 debamos atisbar el futuro y preocuparnos por el riesgo que significa que esa segunda naturaleza reivindicadora y solicitadora que se nos ha ido introduciendo en nuestro ser, nos induzca a hacer de nuestro hijo un mero y permanente receptor de subsidios.<\/p>\n<p>Los necesita, sin duda. Pero \u00bfno deber\u00edamos, al mismo tiempo, crear en nosotros la convicci\u00f3n de que, lo que en definitiva queremos, es que nuestro hijo sirva a la sociedad? Es decir, que lo que llamamos \u2018integraci\u00f3n plena en la sociedad\u2019 -nuestro gran objetivo- signifique no s\u00f3lo disfrutar de sus beneficios sino aportar su propia riqueza personal al bien com\u00fan. Una riqueza que abarca su personalidad, su trabajo, su capacidad para ofrecerse y ayudar de m\u00faltiples maneras.<\/p>\n<p>No es f\u00e1cil. Y no lo es porque durante a\u00f1os nos hacemos -a nosotros y a nuestro hijo- reivindicadores y perceptores de apoyos. Por buenos motivos. Pero corremos el riesgo de impedir que la mentalidad de subsidio vaya siendo sustituida por esa otra mentalidad dirigida a desarrollar en nuestro hijo la capacidad para aportar a la sociedad parte de lo que de ella ha recibido.<\/p>\n<p>Ese \u2018ciudadano corriente\u2019 cuyo t\u00edtulo tantas veces reivindicamos para nuestro hijo con discapacidad implica tambi\u00e9n pagar un impuesto que no se mide en moneda sino en disposici\u00f3n de servicio. Y eso, o se educa, se promueve y se fomenta en las miles circunstancias que se presentan en la vida diaria, o queda ignorado, marchito. Con lo cual cercenamos una parte importante de esa plena felicidad impl\u00edcita en las tantas veces mencionada calidad de vida.<\/p>\n<p>Porque la felicidad real y mantenida comprende la dicha de recibir, pero mucho m\u00e1s la de dar.<br \/>\nNos acaban de dar a conocer un documento sobre el amor realmente sobrecogedor por su contenido human\u00edsimo y por el estilo soberbio y did\u00e1ctico que lo impregna. Y en su lectura he ido encontrando muchas de las claves que parecen explicar la felicidad sencilla que transmiten mis hijas.<\/p>\n<p>Ellas saben lo que es amar porque lo viven. Pues bien, me parece que una de nuestras grandes tareas es inculcar en nuestros hijos o en nuestros alumnos con discapacidad la convicci\u00f3n de que ellos, que tantos apoyos tienen que recibir _y ojal\u00e1 los reciban_, est\u00e1n tambi\u00e9n obligados a prestar el suyo a cuantos a su alrededor conviven y en la medida de sus posibilidades.<\/p>\n<p>En una palabra, que no se sientan tributarios eternos de subsidios f\u00edsicos o morales, sino que sali\u00e9ndose de s\u00ed mismos, se esfuercen en ofrecer a la sociedad lo que tienen y pueden, empezando por ese h\u00e1lito amoroso, tan largamente deseado, y que tan oportunamente puede brotar de un ser humano cuando ha estado acrisolado por el sufrimiento.<\/p>\n<p>Autor: Jes\u00fas Fl\u00f3rez, Catedr\u00e1tico, Universidad de Cantabria, Asesor Cient\u00edfico, Fundaci\u00f3n S. de Down de Cantabria. Padre de dos hijas adultas con discapacidad<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En mi casa la factura del tel\u00e9fono no es precisamente peque\u00f1a, a pesar de la intensa comunicaci\u00f3n v\u00eda Internet con tarifa plana y todos esos artilugios. 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