Tabú sobre la discapacidad

“Existen una gran cantidad de mitos y prejuicios sexuales en la población en general, y existen aún más en torno a la sexualidad de las personas con discapacidad. Este sigue siendo un tema tabú sobre el que han recaído actitudes de negación, prohibición y temor. Erróneamente se tiene la idea de que son individuos asexuados, sin ningún interés al respecto; o por el contrario que tienen el impulso sexual incontrolable, y mayor al resto de las demás personas. La realidad demuestra que tienen un desarrollo igual al de las personas sin discapacidad”.

 

Torices, 2007, “es común que se olvide que una persona con déficit intelectual tiene una limitación emocional, sino, por el contrario, sienten, desean y viven como cualquiera y su necesidad afectiva es tan importante como la de otras áreas de su desarrollo. La diferencia es que su modo de expresión y su forma de ejercer la sexualidad puede ser un tanto diferente, debido a que las ocasiones de aprender comportamientos apropiados al medio, a través de la socialización y el intercambio afectivo, tienden a ser más reducida. Las pocas oportunidades para el contacto con las personas, incluidas las de edad similar, es una constante que prevalece durante su infancia, adolescencia y juventud, lo que los limita en el aprendizaje de lo que es la sexualidad”

 

Es decir, este párrafo propone, que el comportamiento sexual de la persona con discapacidad intelectual, sería modificable y normalizador, en el mejor sentido de la palabra, a partir de oportunidades que se le brinden de socialización en los diversos contextos en que se desenvuelve, por ejemplo: familiares, educacionales y/o comunitarios

 

Las diferentes manifestaciones de la sexualidad del hijo con déficit intelectual constituye una fuente de grandes preocupaciones y comúnmente consideran que es la escuela quién debe asumir la responsabilidad sobre la educación de la sexualidad. La dificultad surge cuando la escuela igualmente considera que es la familia a quien le corresponde esta formación, quedando este tema entonces en “tierra de nadie…”. Lo ideal es que ambas, familia y escuela, comprendan el papel que les corresponde en esta labor.

 

De aquí la importancia de proporcionar a docentes, personal médico o de asistencia y a padres, herramientas que permitan abordar la educación de la sexualidad en personas con déficit intelectual facilitando la comprensión e integración de su condición sexual

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