Lactancia materna

En ocasiones me han preguntado si estoy a favor o en contra de la lactancia materna, como si fuera un juego de azar, una elección o una decisión con una connotación sexual y/o religiosa.

Por supuesto que estoy a favor de la lactancia materna puesto que tiene muchas ventajas. Menciono algunas: es el alimento ideal para un bebé, no tiene precio y generalmente se produce en cantidades generosas; al mismo tiempo, la succión del bebé estimula la liberación de oxitocina, la cual produce contracciones musculares que favorecen que el útero vuelva a su tamaño normal y que se prevengan sangrados posteriores al parto.

Aunque lo antes dicho puede ser información científica, en la práctica es evidente el ahorro para la familia en cuestión de compra de fórmulas, biberones y todos los artículos necesarios para la alimentación del bebé, así como el desgaste físico de mantenerlos en condiciones adecuadas para su uso.

Otra ventaja muy importante es que la alimentación del seno materno también ofrece ventajas inmunitarias al recién nacido ya que la leche materna contiene varios tipos de anticuerpos, predominantemente la inmunoglobulina A (IgA), que protegen el intestino del bebé en contra de la adhesión de bacterias patógenas que pueden causar problemas. La lactancia brinda al neonato una inmunidad pasiva contra ciertas infecciones hasta que su sistema inmunológico alcanza la madurez necesaria para funcionar correctamente, además de que se ha mencionado que el acto de la lactancia en sí genera apego entre la madre y el hijo.

Por todas las cosas mencionadas anteriormente podemos concluir que la lactancia es un acto fisiológico benéfico tanto para la madre como para el bebé y, por lo tanto, debemos fomentarlo siempre.

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