Acciones que transforman vidas

Vida

Apoyar a comunidades vulnerables en el país se ha convertido en el propósito de vida de tres mujeres, que invierten tiempo, recursos y esfuerzos en hacer que niños y jóvenes tengan la oportunidad de soñar con un futuro distinto, alejado del dolor o la tristeza que producen ciertas circunstancias de la vida.

Ellas representan tres proyectos sociales que, a la fecha, han beneficiado en total a más de medio millón de colombianos, que sin su ayuda y la de todos los voluntarios que se suman a estas causas, no habrían encontrado las herramientas para forjarse un camino más feliz y con oportunidades para ellos y sus familias.

Mil razones para creer

Rocío Saíz es la directora ejecutiva y fundadora de la Fundación Seamos Razones para Creer, una institución que nació hace 10 años con el objetivo de cumplir los sueños de niños con procesos oncológicos de estratos 1 y 2 de Colombia. A ellos, que son pacientes del Hospital Federico Lleras de Ibagué y del Instituto Cancerológico Colombiano en Bogotá, los acompañan en el duro tránsito que deben atravesar por una enfermedad, que aunque dolorosa, no les ha quitado el deseo de vivir.

“Realizamos viajes de vida para alegrarles el corazón. Vamos al mar y con los niños más grandes, a Orlando, Florida. Este año tenemos como meta cerrar con broche de oro, llevando a niños de entre cuatro y ocho años a Helsinski, en Finlandia, a conocer a Papá Noel”, comenta Saíz.

Tras su paso por la Dirección General del ICBF y la Fundación de Ecopetrol, ella encontró a un pequeño que cautivó su corazón. Al preguntarle qué quería de regalo de Navidad, el niño le respondió que lo único que deseaba era estar sano, que quería salud; y en ese momento ella, como dice, se “enganchó” con esta causa.

A 2019, unos 200 niños con sus mamás han sido beneficiarios de la Fundación Seamos Razones para Creer, la cual lleva el mensaje de que a través de los sueños se oxigena el alma, por eso proporcionan momentos felices a estos menores, para que cuando pasen por días difíciles tengan recuerdos memorables que los hagan sentirse mejor, y avivar su esperanza para el futuro.

“Para ayudar a otros no es necesario ser millonario. Se requiere estar atentos de quien está a nuestro lado, con acciones pequeñas como un abrazo o una palabra de amor, le podemos cambiar la vida. En estos 10 años he guardado miles de sonrisas, miles de gracias, miles de historias bonitas de niños que tienen el corazón agradecido con la vida”, asegura.

Pero ella no lo logra sola. Una red de 3.500 personas han acompañado en algún momento, como voluntarios, las diversas actividades que realiza. En el mediano plazo, Saíz revela que además de continuar con los viajes, quiere crear una casa – hogar en Bogotá, donde los niños puedan llegar a hospedarse con sus papás mientras reciben tratamiento de quimioterapia hospitalaria.

Educación que impacta

Desde adolescente Juliana Kairuz, directora y fundadora del proyecto social Generando, descubrió que no todos los niños de Ibagué, su ciudad natal, tenían como ella la aspiración de ir un día a la universidad para convertirse en los grandes profesionales del mañana. Esa experiencia, mientras participaba en un voluntariado de su colegio durante cuatro años, la llevó a buscar recursos para hacer que esa realidad cambiara.

“Tuve con ellos una conversación con mis alumnos sobre su futuro. Me impactó que muchos no tenían claro si terminarían el bachillerato, y que ninguno contemplaba ir a la universidad. La mayoría iría a trabajar con sus padres en actividades como las ventas callejeras o la limpieza. Esta conversación me marcó porque significaba que muchos estudiantes sobresalientes, no tendrían la posibilidad de transformar sus habilidades, gustos y talentos en una profesión bien remunerada, sino que seguirían perpetuando sus barreras de movilidad intergeneracional y por ende, su situación de vulnerabilidad socioeconómica”, explica.

Es así como nació Generando, un proyecto que desde el 2008 ha transformado la vida de 19 jóvenes de la comuna seis de Ibagué, financiando sus matrículas universitarias, y haciendo semestre a semestre acompañamiento durante todo el proceso. En contraprestación, los beneficiarios deben retribuir a sus comunidades con trabajo social.

“Se creó con la donación que pedí de regalo cuando cumplí 15 años y el objetivo principal era y sigue siendo cubrir las matrículas, útiles y uniformes para garantizar el acceso y la permanencia de los estudiantes en la universidad. Con el apoyo de mi familia y la Corporación para el Desarrollo Humano del Tolima, seleccionamos los 19 chicos, quienes han recibido también talleres de empoderamiento, brigadas de salud, apoyo psicológico y talleres liderazgo con el fin de que puedan ser multiplicadores de conocimiento y proyectos en su comunidad”, comenta Kairuz.

Es una iniciativa de doble vía, donde Generando invierte en las personas, y estas a su vez dedican tiempo y esfuerzo en otros, generando impactos positivos entre sus vecinos. Hoy en día, estos jóvenes se han convertido en referentes para sus familias al ser la primera generación en ir a la universidad, son líderes activos en su comuna, donde con proyectos han beneficiado a más de 200 niños a través de otros proyectos.

Para Keiruz es con educación superior como ellos pueden romper el círculo de pobreza. A través del acceso a la universidad se transforma la vida y el futuro de los jóvenes, pero también de sus familias. “Es gratificante ver que tenemos nuestra primera joven graduada, que estudió Ingeniería Industria y está terminando Ingeniería de Sistemas en la Universidad de Ibagué, donde ya está trabajando en investigación. Y como ellas los demás están adelantando sus estudios”.

En el futuro, cuando se gradué esta primera “promoción” de beneficiarios, Generando quiere replicar el mismo proceso en otra comuna de la capital tolimense, con el apoyo de esos jóevnes que se convertirán en líderes y movilizadores sociales que ayudarán a consolidar esta causa que quiere llegar a muchos más niños de la ciudad. “Mi mayor satisfacción ha sido ver la resiliencia y disciplina de los jóvenes para sacar adelante este proyecto”, afirma Kairuz.

Con el Chocó en el corazón

Pensando en una comunidad con profundas carencias, Marcela Tavera, cofundadora de la Fundación Marajuera, pensó en el Chocó, un departamento que como ella asegura tiene todos los indicadores de bienestar de la población por debajo del mínimo que los haría sostenibles.

Es por eso que decidió cocrear la Fundación Marajuera en el 2014, con la misión de canalizar recursos hacia las necesidades de poblaciones vulnerables, conectando personas y propósitos con las necesidades de los niños de este departamento en el Pacífico colombiano, quienes que no han tenido la oportunidad de contar con herramientas que les permitan salir adelante.

“No es un departamento con las condiciones dadas para el desarrollo económico y social de sus habitantes. Todo lo que se haga allá tiene un impacto altísimo, por eso nos enfocamos en los niños, que son lo más vulnerables, producto de diferentes tipos de violencia en la región. Queríamos proporcionares un entorno seguro y protector donde pudieran desarrollar habilidades que a la vez hicieran que su tiempo libre fuera invertido de manera productiva”, señala.

Es así como crearon escuelas deportivas, de arte, de panadería y pastelería, donde los menores tuvieran un espacio libre de violencia, que les permitiera a la vez que aprenden, pensar en su futuro para romper con las circunstancias que los han sumido en la pobreza.

“Hemos visto cómo ese proceso les ha brindado nuevas aspiraciones. Hoy son jóvenes que tienen sueños, que quieren estudiar y están accediendo a la universidad, rompiendo el círculo de pobreza en el que nacieron. Al transitar por estos programas vemos cómo su mentalidad cambia. Hemos beneficiado 250 niños en diferentes programas y momentos”, afirma Tavera.

Sin embargo la visión de esta economista está lejos de la caridad o el asistencialismo. Ella prefiere hablar de filantropía, entendiendo que se trata de invertir recursos para generar transformaciones sociales significativas.

“Todos los seres humanos tenemos la necesidad innata de ayudar a otros, pero es importante diferenciar la caridad de la filantropía. No queremos dar de lo que nos sobra, sino buscar recursos para crear oportunidades, en este caso, para los niños del Chocó. Nos gustan las ayudas que transforman vidas. No creemos en dar por dar, para que las comunidades se sientan necesitadas, realmente hay que darle a la gente lo que les sirva para generar riqueza, emprendimiento y liderazgo en las personas, y eso es lo que hemos buscado nosotros”, asevera.

 

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