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Si te rindes hoy, de nada servirá el esfuerzo de ayer

Si te rindes hoy, de nada servirá el esfuerzo de ayer

Si te rindes, claudicas. Si te dices a ti mismo que no puedes más y permites que tus alientos se transformen en lágrimas de rendición, de nada servirá todo lo que hiciste ayer, cada muro derribado y cada logro alcanzado en silencio.

Las personas cargamos sobre nuestras espaldas batallas de las que solo nosotros somos conscientes. Lo has dado todo por tu familia, por tus hijos, has luchado cada día para dar forma a ese sueño que tenías en mente y que no todos comprendían.

Entonces… ¿Por qué solemos rendirnos? La causa de por qué optamos por venirnos a bajo, por doblar las rodillas y dejar escapar un largo suspiro de indefensión se debe casi siempre a la falta de apoyo, a las decepciones y al agotamiento emocional.

Puede que muchos te vean como un león, como un ser que es capaz de todo y que nunca se rinde. Sin embargo, en ocasiones, ese león se convierte en un gato cansado que solo ansía acurrucarse en la esquina de una cama y dormir.

Si te ha pasado esto mismo alguna vez, te proponemos recobrar los ánimos. Te recomendamos no rendirte y no dejarte llevar por el abatimiento.

Te explicamos cómo conseguirlo.

 

Si te rindes nada cambia

Rendirse es una palabra que nos suena muy mal, carece de prestigio y se asocia muchas veces a la cobardía. No hemos de verlo de este modo.

Rendirse de vez en cuando entra dentro de lo normal e incluso de lo esperable.Sobre todo, porque, en ocasiones, quien se rinde lo hace para asumir una evidencia ante la que no se puede hacer nada.

“Me rindo, sé que esa persona no me quiere y ya no debo perder más tiempo con esto”, “he de rendirme a las evidencias, no estoy hecho para este trabajo y debo orientar mis capacidades a otro campo laboral“.

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  • Rendirse siempre será aceptable si con ello asumimos una realidad para ser más competentes en nuestra vida, para tomar conciencia ante algo que no era para nosotros.
  • Ahora bien, en el lado opuesto está, sin duda, esa rendición que se da desde el corazón roto, desde la mente fragmentada que ya no tiene fuerzas ni esperanzas para afrontar un hecho concreto.

Si nos rendimos, si nos vemos a nosotros mismos como personas incapaces de mantener ese batalla personal, hemos de tomar conciencia de que nada va a cambiar.

  • Que nos quedaremos exactamente en el mismo sitio y sin poder avanzar en nuestro bienestar o de ese logro que tanto significa para nosotros.

Si te rindes en un momento dado, valora qué consecuencias puede tener el hecho de “dejarlo todo” y de abandonar tu meta.

Una rendición momentánea para preparar la batalla

Pongamos por caso que nos hemos rendido. Que nos sentimos saturados en nuestro trabajo y que nos decimos a nosotros mismos “que nunca alcanzaremos el ascenso”.

  • Nos rendimos con nuestros hijos, pensamos que jamás van a aprobar el curso porque son incapaces de centrarse, de ser más responsables y de sacar provecho de sus horas de estudio.
  • En ocasiones, una rendición momentánea nos permite tomar perspectivas y ver las cosas con más calma, con menos presión.
  • Cuando te rindes pasas por un periodo de calma interior en el que, de pronto, casi sin saber cómo, reúnes fuerzas de nuevo. Aparecen nuevas ideas, mejores estrategias e ilusiones renovadas.

Vale la pena tener en cuenta que, para conseguir un propósito, necesitamos el máximo de nosotros mismos. Por ello, factores como la presión y la ansiedad elevada actúan como verdaderos enemigos.

Mantén la calma y verás como el león vuelve a caminar de nuevo.

leon representando cuando te rindes y luchas

La victoria final se consigue con triunfos cotidianos

El ganador es un soñador que nunca se rinde. Así pues, para alcanzar un fin es necesario soñarlo, imaginarlo, diseñar planes, estrategias y, ante todo, envolver cada deseo con el aliento de la motivación.

  • Un aspecto que también deberíamos tener cuenta es que el triunfo final se alcanza consiguiendo muchos triunfos cotidianos.
  • En ocasiones no los vemos, porque nos centramos únicamente en un objetivo a largo plazo, sin ver los cambios cotidianos que estamos propiciando.

Para no rendirse se necesita una buena actitud, confianza, una buena autoestima y, ante todo, ser capaces de ver que esa lucha personal tiene un sentido y un propósito por el que vale la pena invertir tiempo y emociones.

Así pues, si en este momento estás librando una batalla personal, recuerda que, en ocasiones, quienes están a nuestro alrededor pueden ser una ayuda inestimable o, por el contrario, ser esa piedra en el camino capaz de quitarnos los ánimos.

Atiende a quien tengas más cerca de tu corazón y, por encima de todo, sigue tus instintos, tu voz interior.

 

Original.

0 Comentarios desactivados 861 23 diciembre, 2016 Qué Te Motiva diciembre 23, 2016