Perros de asistencia y Autismo

Durante este último tiempo se ha hecho muy popular la utilización de perros de asistencia para niños con autismo. Lamentablemente en nuestro país el acceso a ellos aún está muy limitado por los factores económicos de las familias y el escaso apoyo que las instituciones encargadas del adiestramiento de canes reciben del sector privado o estatal. Otra dificultad ha sido la falta de información por parte de las instituciones encargadas de entregar servicios comerciales (Supermercados, Malls, almacenes, etc.) que muchas veces han negado el acceso a los perros de asistencia, a pesar de estar enmarcado dentro de una ley (Ley 20.025).

Sin embargo, ya podemos hablar de que existen varias experiencias exitosas y satisfactorias en el uso de perros de asistencia para niños del espectro autista.

En este pequeño artículo intentaré explicar los principales apoyos que puede brindar un perro de asistencia, tanto en el ámbito terapéutico como en aspectos sociales, emocionales y afectivos de las personas con TEA.

Los perros, a diferencia de otras especies, tienen una capacidad innata para interpretar señales humanas, lo que permite que puedan convertirse en un instrumento terapéutico y un apoyo en la vida diaria para las personas del espectro autista. Probablemente, el niño con TEA se muestra más abierto a interactuar con perros debido a que en ellos encuentra un lenguaje corporal más simple y menos complejo que el que implican las relaciones humanas. Es así que puede ejercitar su capacidad para comunicarse desde un sistema de códigos menos desafiante para él. Estudios han demostrado que la interacción y convivencia con perros favorecen la aparición de conductas positivas y disminuyen los episodios de agresividad en los niños del espectro.

Los perros están siendo utilizados principalmente para dos tareas: Perros de terapia, que se incorporan directamente a los tratamientos y que parecen potenciar los efectos psico-educativos, sociales y comunicativos y perros de servicio, que reciben un entrenamiento especializado con el fin de responder apropiadamente ante cualquier necesidad en la vida cotidiana de los niños y de sus familias.

Hay estudios que confirman que la utilización del perro como mediador de las actividades entre el terapeuta y el niño potencia el porcentaje de respuestas positivas a las instrucciones que el niño recibe, pasando de un 20% a casi un 80% cuando la instrucción incorpora al perro. También se observa que en las sesiones con perros los niños realizaron mayor cantidad de contacto visual con el terapeuta y el perro.

En lo referente al desarrollo de habilidades sociales, un estudio realizado por Ming Lee Yeh, arrojó que después de 8 semanas de terapias asistidas por perros, los niños mejoraron las habilidades para responder a estímulos novedosos y su capacidad para interactuar con ellos. En el caso de los perros de servicio, es probada su eficacia para ayudar al niño en funciones domesticas como ayudar a recoger sus juguetes, hacer la cama y apoyarlo en episodios de crisis violentas o de ansiedad.

Perros de asistencia

Otro aporte importante de los perros de servicio, es evitar “fugas”. Durante las caminatas, el niño lleva un cinturón o chaleco atado a una pechera que porta el perro, el que a su vez va sujeto por una correa que sostiene el adulto un par de metros más atrás. Esto le brinda más movilidad e independencia al niño, pero siempre resguardando su seguridad. Si el niño trata de arrancar, el perro adopta la posición de “anclaje” impidiendo que el menor pueda ir lejos.
Sin embargo, una de las funciones primordiales del perro de asistencia es la de brindar un espacio de contención emocional y afectiva para el niño con TEA. Un ejercicio común es recostar al niño al lado del perro colocando su cabeza sobre el pecho del animal, de esta forma el menor puede escuchar los latidos cardiacos de éste. Este ejercicio genera relajación y calma a quien lo experimenta.

Si bien faltan estudios, se sabe que el contacto físico con otro ser vivo produce una mayor liberación de oxitocina, la cual provoca la sensación de calma, confianza y apego. Otros neurotransmisores involucrados, podrían ser la serotonina y la dopamina, sin embargo faltan estudios concluyentes.

Asista aquí el testimonio de una familia que insertó un perro de asistencia en apoyo de un hijo con autismo.

Se ha podido observar que los niños con TEA tienen un mejor dormir cuando lo hacen acompañados de un perro de asistencia. Tienen un sueño más prolongado y expresan un menor nivel de cortisol (hormona del stress) al despertar, lo que permite mejoras en el nivel comportamental del niño y optimiza los procesos de socialización.

En términos generales, las familias mencionaron que tras la incorporación del perro a las rutinas domésticas, los niños se habían mostrado menos ansiosos y estresados, disminuyeron las “rabietas” y la intensidad de ellas. Todos estos elementos se traducen en un mayor bienestar familiar y un ambiente más propicio para potenciar la interacción social de los niños con TEA.
Por: José Perich

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