Darwin y la sociedad empastillada

Pastillas

“Darwin decía que si éramos capaces de sentir tristeza, ansiedad, pánico, disgusto o rabia, ello se debía a que todas esas emociones nos ayudan a sobrevivir. Necesitamos llorar la pérdida de seres queridos o nunca los habremos amado de verdad. Necesitamos preocuparnos de las consecuencias de nuestros actos o nos buscaremos problemas. En fin, lo que hacemos siempre lo hacemos por alguna razón…”.

Tan cargada de sentido común, la declaración hecha a la revista XL Semanal pertenece nada menos que al estadounidense Allen Frances, referente de la psiquiatría moderna, ex decano de la Facultad de Psiquiatría de la Universidad de Duke y reconocido por haber conducido la task force que produjo en 1994 la cuarta revisión del famoso DSM, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales confeccionado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, referencia mundial ineludible sobre esas enfermedades. Ya algo crítico en su momento de los resultados logrados con la edición que supervisó, lo fue mucho más con la siguiente, que juzgó desde afuera.

¿Adónde apuntan sus dardos? Lo resumió en la citada entrevista concedida entonces: en una fiesta de psiquiatras que trabajaban en la redacción del nuevo manual, “después de una hora de charla con mis colegas me di cuenta de que me podían diagnosticar cinco enfermedades mentales según los nuevos criterios”. Y con humor se refería, por ejemplo, a la categoría de “comedor compulsivo” a que se haría acreedor en virtud de la voracidad con que tomaba langostinos y costillas cada vez que pasaba una bandeja por su lado, al “trastorno neurocognitivo menor” con que serían denominados sus olvidos de nombres o caras a sus 72 años, o al “trastorno depresivo” con que seguramente irían a nombrar la pena que lo aquejaba por la muerte de su mujer.

A denunciar estos abusos se viene dedicando en los últimos años. Entrevistado por el psicoanalista Sergio Zabalza en 2016, fue muy enfático: “Hemos transformado los problemas claves de la vida en trastornos mentales, y demasiado a menudo los tratamos con píldoras. No hay píldoras para cada problema. Deberíamos invertir más dinero en escuelas, menos plata en píldoras para el trastorno de hiperactividad por déficit de atención; más dinero para facilitar la reinserción social, menos píldoras para el trastorno por estrés post traumático”.

En sus palabras, la medicación es necesaria para el 5% de la población que sufre enfermedades mentales severas, pero sin embargo se administra a mucha más gente con trastornos leves, o breves. Gente que podría mejorar sin ellas o que lo haría mejor con la ayuda de la psicoterapia.

Frances, que no está solo en la cruzada, apela a la necesidad de que los pacientes estén muy bien informados acerca de los alcances y los riesgos de la medicación cuando no es necesaria, ya que son muchas veces ellos los que solicitan la “pastilla mágica”como forma de superar lo que no es un problema sino una circunstancia de la vida. Y señala: “En Estados Unidos los fármacos recetados matan más por sobredosis que las drogas de la calle”.

Un informe que se publica este lunes en Clarín da cuenta no sólo del enorme aumento en el consumo de psicofármacos en Argentina -se calcula que hay 9 millones de personas que los utilizan-, sino de la facilidad con que se consigue lo que debería ser recetado en casos muy puntuales, por médicos especialistas, y bajo receta archivada.

Además de inescrupulosidad en algunos profesionales y de falta de controles en otros estamentos (hay un mercado ilegal que crece en Internet y se vende hasta con delivery), el caso habla de una sociedad que no sabe, no quiere o no puede, lidiar con el dolor y las inclemencias propias del estar vivo, de nuestra humana condición.

Está mal visto tomarse el tiempo para atravesar un duelo, de la naturaleza que sea. Hemos hecho de la negación una cultura; de la muerte, una mala palabra. Y allí vamos, empastillados y felices; felices apenas de estar empastillados. Todas las soluciones y respuestas al alcance de la mano, con sólo abrir el botiquín. Además de medicalizar los sentimientos, hemos abolido la palabra: no se habla, no se escucha. Y algo más, Allen dixit: “Cualquier diferencia humana se convierte en un desequilibrio químico que hay que tratar con una pastilla. La diversidad humana tiene alguna utilidad. Nuestros antepasados triunfaron porque en la tribu coexistían varios talentos. La naturaleza es sabia. Ha tirado los dados billones de veces y sabe que la diversidad es la mejor apuesta para sobrevivir a largo plazo”.

 

Original. 

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