Ciego por una hora

Ciego por una hora

Recibes una invitación para participar en una experiencia que te describen más o menos así: “Vamos a caminar en la oscuridad durante una hora, y en ese recorrido nos va a guiar una persona ciega. El experimento se llama ‘Paseo en la oscuridad’”.

Te parece interesante y aceptas.

Pero como eres muy precavido, te pones a investigar sobre la propuesta que te han hecho. Y lo que encuentras es lo siguiente…

‘Paseo en la oscuridad’ es una experiencia sensorial creada en 1988 por el periodista y Doctor en Filosofía Andreas Heinecke, un alemán que trabajaba para una estación de radio.

Heinecke pensó que la mejor manera de entender  la vida de los ciegos era introducir a un grupo de videntes en un mundo donde no pudieran ver ningún tipo de imagen.

Para ello Heinecke creó un recorrido de una hora en la oscuridad total, y en el que los participantes se enfentaban a cuatro tipos ambientes de la vida cotidiana: olores, texturas, sonidos y sabores (cuatro sentidos). La experiencia fue presentada por primera vez en Franckfurt (Alemania) en 1989.

Punto y aparte. Se acabó. Con lo que indagaste ya es suficiente. Así que no necesitas saber nada más. Solo te resta esperar a que llegue el momento de iniciar el experimento. Pronto descubrirás que el único modo de verse a sí mismo, es no ver absolutamente nada.

Nada que temer
El recorrido se llevará a cabo en un pasillo a oscuras, donde un anfitrión le explica a los participantes lo básico del experimento que está por comenzar: “la voz que escucharán adentro es la de Mauro, su guía no vidente”, les dice el anfitrion; “se guiarán con un bastón, pasarán por diferentes ambientes y finalizarán en una cafetería”.

Tratas de registrar lo poco que aún puedes ver: los rostros y estaturas de tus cinco compañeros de recorrido, las telas negras que cubren las paredes y los bastones verdes que pronto serán repartidos entre los participantes.

Quieres acumular información que pueda serte útil. Pero no te servirá de nada.

Tu alerta cerebral se traslada al resto del cuerpo: el ritmo cardíaco se acelera, las piernas se aflojan levemente, las manos te sudan. Te sientes como en los instantes previos a tirarte un clavado a ojos cerrados desde lo alto de las rocas de La Quebrada, en Acapulco.

“No hay nada que temer, no hay nada que temer”, anuncia el guía.

Pero temes.

“Nuestro objetivo es que valoren cómo se vive con los otros cuatro sentidos”.

Entramos al túnel de la oscuridad
“Bienvenidos todos”, escuchas decir a alguien al que ya no puedes ver. Se trata de Mauro, nuestro guía. Sus palabras suenan ásperas y desgastadas, posiblemente no sea muy joven. Su voz viene de arriba, quizá porque es un individuo muy alto.

Mientras nuestro guía se presenta, intentas deducir dónde está ubicado. Lo tienes cerca, no hay dudas, pero ¿qué tan cerca? ¿Y tus compañeros? Es como si se hubiesen esfumado. Estiras tu brazo derecho para tratar de entender cómo es el sitio en el que estás. Pero es inútil, solo tocas el vacío.

Ya perdiste la noción del espacio, tu única certeza es el piso. Y la voz de Mauro.

“Vengan”, dice el guía desde un punto distinto al que estaba un segundo antes. ¿Adónde? ¿Cómo? Te aferras al bastón que te dieron e intentas avanzar; pero caminas lento, con pasos cortitos, como un anciano.

En ese momento pienso: “¡Sigue hablando Mauro, porque sin tu voz no sé hacia dónde dirigirme!”.

Entonces recuerdas las palabras del anfitrión sobre los ‘otros cuatro sentidos’ y piensas en tus oídos. Comprendes que en la oscuridad tus oídos serán tus ojos.

En la oscuridad pierdes el sentido del espacio.

Ya no puedes prejuzgar
Pasamos al primer ambiente. Tocas una pared y te sientes a salvo. Piso, pared y bastón. Tienes unos segundos para recuperar la calma y escuchar la voz de Mauro, mientras tratas de  adivinar cómo es su rostro y cómo es su personalidad.

Quieres a toda costa deducir cómo es Mauro. No soportas la idea de no saber con quién estás hablando. Sin la visión no eres capaz de intuir cómo es Mauro. No obstante, su voz te puede ayudar a juzgar cómo es su carácter.

Entonces te vuelves un poco más animal y buscas con el olfato la información visual que no tienes. Pero en este caso tu olfato no puede ayudarte. Así que Mauro seguirá siendo un misterio.

El tacto te pasa factura
Llevas media hora en la oscuridad y tus ojos siguen buscando un rayo de luz, una referencia que te devuelva al espacio que parece haber desaparecido.

 ¡Ya basta, olvídate de ver, siente! “Toquen, traten de adivinar qué es”, dice Mauro al entrar en el segundo ambiente (el ambiente donde puedes valorar tu sentido del tacto).

Es como tocar un libro en braille: hay plantas, frutas y semillas. Recorres las formas con la punta de los dedos, te concentras al máximo y comparas lo que tocas con mil imágenes cerebrales. El sentido del tacto parece decirte, “Solo te acuerdas de mí cuando te quemas”.

“Toquen, traten de adivinar qué es lo que tocan”, dice Mauro.

Ahora parece que entramos a una ciudad. Hay sonidos de motores de automóviles, de helicópteros  y de voceadores.  Por primera vez durante el recorrido piensas en cómo será ser ciego en la ciudad. Pues te diré como es: es aterrador.

“De las personas no videntes aprendí que lo distinto es el sistema de razonamiento, que los puntos de referencia no son los mismos que los del vidente y que, por lo tanto, los no videntes deben utilizar una enorme diversidad de razonamientos que finalmente, y con la velocidad del rayo, les permiten entender lo que no ven.

Última estación
Ya en la ciudad, de pronto nos invade el olor a café. Ok, fácil, llegamos a la última parada. Aquí pondremos a prueba el sentido del gusto.

“Es hora de despedirnos”, dice Mauro. “Síganme que los llevo a la salida”. Caminas unos pocos metros y ¡al fin!, la luz. Quieres correr y sacar de una vez tu cuerpo de la oscuridad. El reencuentro con la luz es como renacer. Y aunque no tenga lógica, parecería incluso que respiras mejor. Quizá porque en la luz te sientes a salvo.

‘Paseo en la oscuridad’ ha sido expuesto en 40 países de los cinco continentes. En nuestro país se puede visitar en Monterrey. (BBC Mundo)

Números
285 millones de personas sufren algún tipo de discapacidad visual en todo planeta.
Según la  Organización Mundial de la Salud 39 millones de personas son ciegas.

 

Original. 

0 Comentarios desactivados 605 02 agosto, 2017 Discapacidad Visual agosto 2, 2017

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